Domingo 07 de Marzo de 2010
La muerte de Pablo Javier Conti, un futbolista de 25 años, fue tan absurda como violenta. Ayer a la mañana, cuando el sol despuntaba, el dueño de un boliche de Pérez le asestó una letal puñalada. Fue luego de que los patovicas del local lo expulsaran de la disco por cuestiones que hasta anoche no aparecían muy claras pero que, según una fuente policial, tienen que ver con antiguos enconos entre víctima y victimario. El trágico hecho disparó una reacción descomunal de los allegados a Pablo, quienes literalmente rompieron todos los cristales del boliche, incendiaron el auto de uno de los custodios y destruyeron el del propieatario del local bailable.
Conti era oriundo de Pérez y desde siempre tuvo pasión por el fútbol. Actualmente jugaba como delantero en un equipo de la liga cordobesa, aunque hace unos años llegó a disputar algunos pocos partidos en la reserva de Rosario Central, en la que según las estadísticas marcó varios goles. También había mostrado sus gambetas en un equipo de Uruguay y en otro de Bulgaria, adonde viajó para probar suerte (ver aparte).
A las 4.30 de ayer Pablo llegó a su casa de Pérez desde la localidad de Pascanas, en la provincia mediterránea, donde había jugado un partido de liga. Un rato más tarde se fue junto a dos amigos a Galileo, un disco bar situado en Belgrano y 9 de Julio, en el centro de la vecina localidad y frente a "la plaza de los juegos" y la vieja estación del ferrocarril detrás de la cual se levanta la sede del Comando Radioeléctrico.
patovicas estaba calcinado por el fuego que habían provocado los allegados a Conti y volcado en uno de las laterales del boliche, sobre calle 9 de Julio; en tanto, un Mazda gris, propiedad de Lungo, había sido dado vuelta y tenía el parabrisas y las ventanillas destruidos a piedrazos. Toda la escena estaba poblada de curiosos y de policías que realizaban las pericias de rigor caminando sobre los vidrios diseminados por la vereda.