Viernes 27 de Noviembre de 2009
Vivimos una lamentable experiencia, cuando seres incalificables nos dejaron sin dos ángeles, despedazándonos el alma y el corazón. ¿Cómo entender que Carina ya no volverá a pasar las noches en vela cuando una de sus hermanas la necesite? ¿Cómo consolar a una madre que no podrá compartir más con su hijas las charlas que tenían por las tardes en las que disfrutaban de su mutua compañía e intercambiaban sueños y proyectos? ¿Cómo hago si aún me la imagino niña, siguiéndome a todas partes? Carina y Miguel habían iniciado juntos llenos de amor, esperanza, alegría y también con sacrificios la experiencia de formar un hogar. Tarea nada fácil para cualquiera en general, pero mucho más difícil para ellos por su condición de ángeles especiales. Resulta terrible descubrir, sin tiempo ni oportunidad de escapar, que personas a los que consideraban amigos resulten seres inescrupulosos, dispuestos a apagar sin piedad la vida de quienes le brindaron su amistad sin ningún motivo. Es grande el dolor, pero no puedo dejar de valorar a todas las personas que en esos terribles momentos nos apoyaron, consolaron para aliviar un poco nuestra pena y actuaron para lograr justicia, no dejaron que gane la impunidad. Aunque ello no logre devolvernos a Carina y Miguel, evitará que les pase lo mismo a otras personas, dejándonos la sensación de deber cumplido. Gracias al comisario Domínguez, sumariante Carlos Cassafu; doctor Eldo Juárez, doctor Viena, doctora Andrea del Juzgado de Instrucción de la 4ª Nominación de Rosario, a todo el personal de la Comisaría 20ª; al Comando Radioeléctrico, a los bomberos, a los fiscales de la causa por el esfuerzo de resolver el caso, lo que permitió encontrar, detener y procesar a los culpables. También queremos agradecer a las abogadas Flavia Motta y Carla Bruno y destacar lo valioso que es contar con vecinos que no cerraron sus ventanas ni dijeron "no te metás", sino que ayudaron aportando los datos necesarios para localizar a los desalmados que pusieron fin a la vida de dos personas que no conocían la maldad. Destacamos especialmente a la familia Brussa, a quienes les tocó vivir en carne propia el horror de la inseguridad. Agradecemos una vez más el accionar desinteresado, oportuno y preciso de cada uno de los que se vieron involucrados en esta historia.
Adelia Ester Retamar, DNI 13.413.681