Un hombre digno
Muchas veces la vida nos premia poniendo delante a personas cuyas actitudes nos reafirman que la dignidad es un atributo que no tienen todos los seres humanos y, justamente por esto, aquellas que la poseen podrían ser ubicadas en el rango de las personas diferentes.

Miércoles 04 de Junio de 2014

Muchas veces la vida nos premia poniendo delante a personas cuyas actitudes nos reafirman que la dignidad es un atributo que no tienen todos los seres humanos y, justamente por esto, aquellas que la poseen podrían ser ubicadas en el rango de las personas diferentes. Dignidad, según su etimología y el diccionario de la lengua española, significa excelencia, realce y decoro. Y agrega: “Decoro en la manera de comportarse”. Se expresa también que la persona humana tiene dignidad moral cuando se comporta éticamente de forma adecuada con unos bienes, valores, etc. Pero es, además, el valor más alto en el orden de la naturaleza; no tiene, por tanto, precio, sino valor. De allí el título de esto que escribo para referirme a Gerardo Martino, quien acaba de regresar de España luego de dirigir técnicamente al Barcelona. Tanto al viajar hacia Cataluña para ponerse al frente del equipo culé, como en este su regreso, lo hizo como lo hacen los grandes hombres, es decir, los hombres dignos: con la más absoluta simpleza, sin ostentaciones de ningún tipo y exhibiendo un perfil tan bajo como increíble. Dirigió nada más y nada menos que al Barcelona, pese a cierto sector del periodismo catalán al que sólo le faltó cuestionar hasta la marca de pasta dental que usa el Tata. Las primeras conferencias de prensa, antes y después de los partidos, fueron un decálogo de agresiones verbales, de cuestionamientos infundados, sólo impulsados por la soberbia de quienes creían que sabían más que el técnico y a quien no le perdonaron nunca ser argentino. Recuerdo como si fuera hoy que, luego de un partido que el Barcelona ganó por 4 goles a cero, y como no podían objetarle absolutamente nada desde lo futbolístico, los periodistas catalanes cuestionaban la preparación física, que estaba en manos de un profesional con mayúsculas como es el profe Elvio Paolorroso. Más cerca de su regreso, y luego del empate frente a Getafe en dos tantos, Martino señaló: “Uno no dio la talla y no ve necesario pedir una segunda oportunidad”. Qué otra persona que no fuera el técnico rosarino podría ser quien acuñara esa frase, tan dura pero tan absolutamente sincera. Y así pasaban los días de Martino en España, casi como en medio de un ring recibiendo golpes de todos los costados. Pero Martino, con la grandeza que tiene y demuestra en cada acción, respondió a esos ataques arteros e injustos con respeto, con solvencia infinita y reafirmando con sus palabras que la dignidad humana está dentro de su ser y convive con sus valores morales. Estoy absolutamente convencido que el Tata sintetiza las palabras de Immanuel Kant: “La dignidad de la persona supera cualquier cosa que tenga un precio y es el valor irreemplazable de un ser con el que nunca se puede negociar”. Los periodistas catalanes que se ensañaban con Martino creían que este honroso rosarino caería en sus “trampas dialécticas” y negociaría una “paz duradera”. Pero, cuán alejados estaban de la realidad por no conocer a este hombre digno, pleno de dignidad humana.

Oscar Prendes