Miércoles 21 de Agosto de 2013
El 14 de diciembre de 2008 la historia de Newell's Old Boys dio un vuelco. Esa tarde, con el 67 por ciento de los votos, Guillermo Lorente desbancó de la presidencia a Eduardo J. López luego de 14 años. Pero el mandato de las urnas no sólo marcaba el final de la gestión de López, sino que también abría la sucesión en el paraavalanchas, hasta entonces en manos de Roberto "Pimpi" Caminos. Entonces apareció Diego Ochoa, conocido como "Panadero". Un muchacho corpulento, con fama de aguantársela a las trompadas, dueño de un videoclub, hincha fanático de la lepra que había trabajado juntando avales para que la oposición del Movimiento Leproso Social y Popular (MoLe) se presentara a elecciones.
La presentación pública de Ochoa fue comparable con el "civilización o barbarie" esgrimido por Domingo Sarmiento en su libro "Facundo". Ochoa fue presentado como "hincha caracterizado que está con los pibes detrás del arco. Ñuls no va a tener otra vez gente como Pimpi. Ñuls es de la gente", decían los dirigentes en off sobre Ochoa. El mismo Panadero lo decía: "No me voy a transformar en lo mismo que Pimpi".
Era el nacimiento de "la hinchada más popular". Con Ochoa en la tribuna la barra de Newell's llevó cada conflicto violento que se le presentaba a los tribunales provinciales. Un salto de calidad, al menos en la definición, ya que muchas crisis de las que antes se resolvían a sangre y plomo pasaron dirimirse en la Justicia. Claro está que los problemas que llegaron a los estrados judiciales fueron una minoría.
Bombos y algo más. Un mes antes de las elecciones en Newell's, a Ochoa le hicieron sentir que había en juego mucho más que bombos, banderas. La noche del 13 de noviembre de 2008, un almacén de Vera Mujica al 3800 propiedad de la madre del Panadero fue atacado a balazos. Un día antes en una vivienda contigua, gente del MoLe había realizado un encuentro.
Cuatro de 16 tiros entraron al negocio y un plomo rebotó en una máquina de fiambre e impactó en el cuello a Andrés Mariano Vaccaro, de 27 años y cuñado de Ochoa. Nunca más pudo mover brazos y piernas. El caso quedó en la nada.
Nadie podía imaginar un cambio de mando tranquilo en la barra de Newell's. El 26 de enero de 2009 el club fue copado por un grupo identificado como "la hinchada que nunca abandona". En un juicio abreviado, Pimpi fue luego condenado a tres años de prisión como autor intelectual de esos violentos desmanes en las instalaciones del club. Ya entonces, aun antes de que empezara el campeonato, Ochoa era el jefe de la barra aunque su liderazgo habría de ser puesto en duda varias veces.
Ataques. El 4 de febrero de 2010, cuando la barra regresaba de Buenos Aires tras el partido contra Huracán, los colectivos fueron emboscados en la autopista a la altura del barrio Las Flores. Tres micros fueron rociados a balazos y murió Walter Cáceres, de 14 años. La hipótesis de la investigación fue que el blanco era Ochoa. El crimen terminó en un juicio oral con cuatro procesados absueltos.
El 19 de marzo de 2010 Pimpi Caminos fue asesinado a balazos en la puerta del bar Ezeiza, de zona oeste. Este crimen también fue a juicio oral y la idea de que Ochoa había sido el ideólogo sobrevoló el caso aunque no se probó ante el tribunal. En el juicio fueron condenados René Ungaro y Carlos Alberto "Betito" Godoy, y hubo un absuelto.
El 14 de noviembre de 2010 un patovica del bar de Balcarce 215 fue baleado en una pierna desde una moto y sindicó al Panadero como el tirador. Ochoa se entregó, presentó videos de las cámaras de vigilancia de su casa y a los tres días salió.
La calma duró 48 horas. La noche del domingo 21, en Grandoli y Gutiérrez, fue herido de cinco tiros en la espalda Matías Pera, quien en el hospital acusó a Ochoa. Si bien había sido del riñón del Panadero, dos meses antes Pera lo había corrido a golpes de la cancha junto a Luis "el Pollo" Bassi, Sergio "El Quemado" Rodríguez y su hijo Maximiliano. Estas causas también pasaron por tribunales.
Esta seguidilla de hechos motivó que Ochoa abriera las puertas de su casa a dos periodistas de LaCapital. La entrevista se publicó el jueves 25 de noviembre de 2010 bajo el título "Los Cantero y los Vázquez quieren sacarme por motivos económicos" (ver aparte).
"Hay grupos que quieren hacer negocios metiendo la droga en la hinchada", dijo Ochoa en una charla de casi dos horas en la que, escoltado por sus abogados, no esquivó ninguna pregunta.
Las drogas y las tribunas rojinegras
En una nota de este diario de noviembre de 2010 Diego Ochoa dijo que “los hermanos Vázquez y la familia Cantero” lo quería desplazar de la barra leprosa. “Si te quieren correr de tu profesión personas sindicadas por todos como narcotraficantes, ¿qué podés pensar? Cuando me pegan y me desplazan no tuvieron acceso al club, la dirigencia les cierra la puerta a los violentos. No me bajé, al contrario, nos hicimos más fuertes. Es llamativo que en todo momento esta gente me quiso hacer creer que el ataque a los micros había sido de Pimpi. Una semana antes nos decían que él los había amenazado con balear los micros con una metra. Cuando pasó lo que pasó (la muerte de Walter Cáceres) decían que Pimpi era el autor, aunque estaban los Cantero detrás. ¿Para qué lo hicieron? No creo que me hayan querido matar en esa oscuridad, con tanta gente. Quisieron demostrar fuerza, poder, enfrentarme con Pimpi y que los dos quedáramos en cana o muertos. Todo para entrar en la hinchada. Tanto en esto como el ataque a mi cuñado no hubo represalia de mi parte. Siempre mi estrategia fue ir a declarar a Tribunales”.