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Un Fonavi destruido, el escenario de una tragedia

El sábado pasado, un chiquito de dos años murió al caer por el hueco de un ascensor que venía funcionando mal. Un edificio desolado.

Viernes 28 de Marzo de 2014

Las escaleras están a oscuras. Hay pocas barandas y varios escalones de cemento carcomidos por el uso durante años. En el edificio E de Lorenzini y Sánchez de Thompson de zona sur donde viven 43 familias todo es desolación luego de la trágica muerte de un nene de dos años que cayó por el hueco del ascensor.

El episodio ocurrió sábado pasado. El chiquito vivía con sus padres y su hermana de seis años. Ayer, en los oídos de los vecinos todavía resonaban los gritos desesperados del papá buscando a su hijo.

"El hombre salió de su casa que está en el quinto piso y cuando se dio vuelta para cerrar la puerta con llave el nene se le escapó", relata Stella Sosa, quien vive en el sexto piso, uno más arriba de la familia que sufrió la tragedia.

Al parecer, el papá salió corriendo por las escaleras buscando al nene, pensando que habría bajado por allí. No se le había ocurrido sospechar que el pequeño había optado por abrir la puerta del ascensor, que se accionó inexplicablemente. El chiquito cayó y, cuando su papá finalmente advirtió el hecho, destrozó desesperado la puerta en la planta baja para sacarlo. El nene salió con vida y lo llevaron directamente al Hospital de Niños Víctor J. Vilela, donde luego falleció.

"Era una tarde tranquila el sábado y de pronto vinieron los bomberos, la policía y un montón de gente", cuentan los chicos que juegan en la puerta de ese edificio.

Ahora la familia del nene no está. Dicen que le dieron una casa donde ir porque no puede ni entrar al departamento en el que vivía con el pequeño que perdió la vida de manera tan trágica. El abuelo sigue ahí. Ahora camina con la cabeza gacha y la mirada vacía.

Triste estado. El edificio Fonavi tiene 30 años y el estado es de abandono, lamentable. En sus orígenes contaba con dos ascensores pero hay uno que no funciona desde hace mucho tiempo. Tanto que los vecinos no pueden recordar cuánto pasó desde entonces. A su lado, en cada piso, se encuentra la puerta del ascensor que sí funcionaba, aunque bastante mal. Hacía rato que había desperfectos. De hecho las vecinas aclaran que la puerta del quinto piso solía abrirse.

De hecho, al entrar a este edificio, completamente enrejado por la cantidad de robos que se producen en la zona, se puede ver un cartel donde dice que el ascensor necesita varios trabajos "urgentes" y enumera: "Primero cambiar todas las cerraduras y patín (elemento del ascensor), el costo es de 6 mil pesos; luego hacer un nuevo control", cuyo valor es de entre 45 y 50 mil pesos.

Según relataron Ana Pérez, del segundo piso, y Stella Sosa, del sexto, hacía un mes se le había hecho el arreglo a las cerraduras y el patín, y por lo tanto a las cerraduras. Pero, por lo que muestran los hechos, el arreglo no funcionó.

Luego de la tragedia "el reparador se borró", dice Pérez. Cuenta que paga 50 pesos por mes para el "mantenimiento" del edificio y señala que en febrero cada departamento abonó 150 pesos supuestamente para los arreglos del ascensor.

Los vecinos se lamentan porque la desidia es generalizada. "Se robaron todo lo del ascensor, sólo quedó la caja y ahora esta tragedia..." suspiran. Y lo padecen porque a la tristeza por la pérdida de una vida se suma el día después cuando las 43 familias se quedaron sin el ascensor.

Obviamente, se puede subir y bajar por la precaria escalera, que no cuenta con barandas en todos los pisos y en ninguna tiene luz "desde hace años", aseguran, pero la situación se agrava para quienes están imposibilitados y están "estancados" en sus casas.

Este es el caso de Pérez, quien no tiene una pierna y al regresar a sus casa tras la tragedia, el ascensor no andaba, por lo que la tuvieron que subir entre varias personas. Ahora ya no se plantea moverse. No puede salir de su casa para nada. Está en silla de ruedas y sabe que hasta que la situación se normalice no tendrá más opciones.

Por su parte, Sosa del sexto piso, también está complicada. Por cuestiones de salud tampoco puede usar las escaleras. "No pude ir a cobrar la pensión y tampoco puedo pensar en hacer algún mandado", explica la mujer.

Además, en el séptimo piso vive hay una persona en silla de ruedas y otra que está inmovilizada. Ellos saben que el arreglo del ascensor demorará bastante tiempo.

A esto se le suma que subir las escaleras es un complicado periplo por la falta de luz. Los lugares donde deberían estar los interruptores están completamente vacíos, y sobre los escalones se esparce la basura.

También es evidente que muchos tramos de esa escalera se utilizan como baño.

Los vecinos esconden los pesares ante la falta de ascensor, tal vez porque piensan en esa familia que sufre por la pérdida de un hijo.

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