Jueves 11 de Julio de 2013
No encuentro palabras para describir el profundo dolor que me embarga al haber perdido a Ricardo "Chulengo" Núñez. El tenía alma de río, suave y sereno para sus seres queridos, plácido y fresco para los amigos y correntoso y picado para los que lo enfrentaban. Moldeó su personalidad acorde al lugar que lo vio nacer, crecer y morir. La belleza natural de sus islas lo conmovía cada vez que las recorríamos y quizás la parte hostil de las mismas lo forjó en un luchador inagotable de sus ideales, porque a pesar de que las crecientes vinieran y se llevaran todo, renovábamos fuerzas para volver a empezar. Nada fue fácil, pero todo lo disfrutábamos con la alegría de haberlo obtenido con el sacrificio diario del trabajo. Soñó con ver su Victoria pujante, tal cual hoy la observamos, e incesantemente vivía preocupado y ocupado tratando de que aquellos que tenían un mínimo de responsabilidad sobre la misma se ocuparan de hacer las cosas lo mejor posible, para que todos pudiéramos sentirnos orgullosos del lugar en que nos toca vivir y presentar la ciudad a todo aquel que nos visitara en todo su esplendor. Algunos lo entendieron, otros no tanto, pero él buscó siempre la manera de que su lucha no fuera en vano. No sé que le ocurrió esa mañana del 1º de junio, ya que partió feliz cuando su hijo lo despidió luego de cargarle su bote para un encuentro con amigos en su isla. Tal vez no comprendió el peligro y sin querer dejó que ese río, que tanto amaba, cobijara con sus brazos profundos todos sus anhelos. No nos lo quería devolver, pero a través del colega y amigo Julio Orselli, que ofició de mensajero, el Padre Ignacio intercedió y pudimos recuperarlo de sus aguas. Nos dejó muchas enseñanzas, muchas tareas y proyectos a cumplir a cada uno de los que compartíamos sus ideales. Ojalá seamos merecedores de su legado y podamos seguir creyendo que debemos seguir avanzando hacia ese lugar privilegiado, pero cuidando celosamente nuestro entorno natural, nuestro río, nuestro delta. Quiero dejar en estas líneas un especial agradecimiento a todos los que estuvieron de día y de noche buscándolo, sin importar las inclemencias del tiempo ni del lugar. A la Prefectura Naval Argentina por su trabajo profesional; a las autoridades nacionales, provinciales y locales que estuvieron en todo momento a nuestra disposición; a la gente de río, pescadores y amigos que se sumaron sin ningún tipo de mezquindad; al Casino Victoria, a Casa Mitre; a Autoservicio Olivari por su colaboración y a los amigos (imposible de nombrarlos uno por uno) que desde Rosario, Santa Fe, Firmat, Buenos Aires, Victoria y todo Entre Ríos se llegaron para acompañarnos en la angustiante espera. A los que realizaron cadenas de oración en todos los lugares del país, a Esther desde Febre, a los que nos llamaron o se comunicaron por las redes sociales, a los medios de comunicación orales escritos y televisivos locales, provinciales y nacionales que con mucho respeto acompañaron nuestra tragedia con la información, a la familia que nos cobijó con su cariño y muy especialmente al Padre Ignacio, que nos devolvió la fe en Dios, al ayudarnos a encontrarlo. En nombre de sus hijos Walter y Leandro y en el mío, les agradecemos infinitamente, porque fueron en tanta desgracia una caricia para nuestro corazón. A mi querido Ricardo Chulengo Núñez, que descanses eternamente en paz en los brazos del Señor. Su esposa y compañera del camino.
Silvia Villarreal de Núñez