Un estadounidense vive gratis burlando a las aerolíneas
Valiéndose de resquicios en los reglamentos de las compañías y de las tarjetas de crédito logra viajar a distintos países y alojarse en hoteles caros

Domingo 09 de Agosto de 2015

Ben Schlappig es un estadounidense de 25 años que se ha convertido en una de las mayores estrellas de un grupo de viajeros de élite obsesionados con burlar a las aerolíneas volando gratis lo máximo posible y sin ser descubiertos. Actualmente, Schlappig hace 15 meses que vuela ininterrumpidamente por el mundo y pasa un promedio de 6 horas diarias en el cielo.

   “Los aviones son mi dormitorio. Son mi oficina y mi cuarto de juegos, soy muy afortunado porque hago lo que me gusta”, dijo Schlappig, un neoyorquino que se pasa la vida en las alturas por muy poco dinero. Siempre viaja con billete business class, rara vez abandona los aeropuertos y cuando lo hace, solo es para instalarse en hoteles de lujo, informó la revista Rolling Stone.

   Schlappig forma parte de los “vividores del aire” que se identifican como hobbyist (término tomado de la cultura hacker) y que actúan aprovechándose de las grietas existentes en los reglamentos de las tarjetas de crédito asociadas a los sistemas informáticos de las grandes aerolíneas. A los 15 años volaba cada fin de semana y a los 17 ya había acumulado más de 800.000 kilómetros en el aire.

   El año pasado, cuando dejó el alquiler de su casa tras una ruptura sentimental, se convirtió en hobbyist a jornada completa. En abril de 2014, tomó un vuelo en el aeropuerto internacional de Seattle-Tacoma y desde entonces no paró.

   Schlappig es dueño de PointsPros, una consultora dedicada a asesorar a clientes sobre la mejor manera de construir itinerarios de viaje a partir de la aerolínea con la que el cliente acumula más kilómetros. Además, en 2008 creó el blog One mile at a time, en el que comenta sus viajes y comparte sus recomendaciones.

   La afición de Schlappig por los aviones surgió a una edad temprana: cuando aún era un niño jugaba a memorizar modelos de aeronaves. A los 13 años descubrió la web FlyerTalk, un foro donde los usuarios se reúnen para planear estrategias sobre ofertas y poner a prueba la burocracia de las aerolíneas. De ahí aprendió que para mantener su vida nómada debía elegir una aerolínea, según los reglamentos y las condiciones de los programas de beneficios que ofrezca, para hacer todos los viajes y así lograr ser un cliente exclusivo y aprovecharse de posibles resquicios legales, y se inclinó por United Airlines.

   Eso acompañado de la inscripción en tantos programas de recompensa de tarjetas de crédito asociadas a aerolíneas como fuera posible, de modo que se logran puntos por compras que en última instancia no suponen un desembolso real de dinero, y, algo más complicado, aprovechar los fallos en los algoritmos que rigen el funcionamiento de los sistemas de venta de billetes de las aerolíneas. Sobre este punto precisó que algunos hobbyists programan sus propias piezas de software para rastrear los errores y las tarifas erróneas en estos sistemas.

   “El hecho es que estamos golpeando a las aerolíneas con su propio juego. La gente que maneja esos programas (los algoritmos de las aerolíneas) son idiotas y nosotros siempre vamos un paso por delante”, afirmó Schlappig en el marco de una reunión de los mejores talentos del “pasatiempo”.

   El joven explicó que en Estados Unidos las tarjetas de crédito pueden ofrecer hasta 75.000 millas de vuelo a cambio de una compra mínima. Para sacar el mayor provecho a esto, él tiene unas 40 tarjetas de crédito. Y no acumula deudas. “El estado de mi cuenta es excelente”, aseguró a la BBC.

   Una vez reunidas las millas de vuelo gratis, el experto recomienda canjearlas la víspera del vuelo, incluso horas antes, porque es cuando las aerolíneas liberan los asientos que no logró vender. “Así que si, por ejemplo, quiero ir a Hong Kong esta noche, me conecto a internet, reservo el espacio y casi en todos los casos puedo intercambiarlo por millas”, explicó. Y si de verdad hiciera ese viaje, cuenta cuán lujoso sería. “Probablemente iría en primera clase en Cathay Pacific. Es un gran producto, 14 horas desde Los Angeles. Dormiría todo el trayecto, ya que es el mejor momento para descansar y desconectar”.

   Y como los puntos que dan las tarjetas de crédito a cambio de comprar con ellas también pueden canjearse por noches de hotel, se alojaría en el Ritz-Carlton Hong Kong, asegura. Es el más alto del mundo, una lujosa torre de cristal con vistas al mar y con todo tipo de comodidades y servicios. “Pasaría allí dos o tres noches, e intentaría ver todo lo que pudiera, volver a los sitios que más me gustan, ya que Hong Kong es una de mis ciudades favoritas”, concluyó.