Un espejo de la precariedad de la aviación española

Sábado 26 de Julio de 2014

Los dos pilotos españoles que estaban al mando del avión siniestrado en el norte de Malí tenían dos cosas en común: su pasión por volar y su paso por aerolíneas que quebraron recientemente y les dejaron sin trabajo.

Agustín Comerón pilotaba la aeronave cuando desapareció rumbo a Argelia. Despegó de Burkina Faso en la madrugada del jueves pero su rastro se perdió poco después y nunca llegó a su destino. Su última comunicación fue para pedir un cambio de ruta con objeto de esquivar una fuerte tormenta.

El comandante atesoraba "una buena experiencia" en vuelos de larga distancia, según publicaron medios españoles. Trabajó en la extinta Spanair y sufrió los ajustes de la compañía y su posterior quiebra. Al cerrar, se quedó sin trabajo y recaló en Swiftair, la compañía española propietaria del avión siniestrado.

También la copiloto, Isabel Gost, de 41 años, había trabajado en Spanair antes de su paso por Swiftair. Los estaban contratados por la temporada veraniega.

Bajo el titular "Swiftair institucionaliza la precariedad laboral", el número de julio de 2013 de la revista Mach82, voz del sindicato de los pilotos, Sepla, se hacía eco de la reducción de salarios para los copilotos contratados y denunciaba que la empresa utilizaba sus aviones como "escuelas de vuelo". El texto denunciaba que el sueldo de los copilotos no llegaba a los 12.000 euros anuales, 842 euros brutos al mes.

El Sepla recordó que Swiftair es una compañía española que centra su modelo de negocio en el alquiler de aviones, por lo que gran parte de su flota y su tripulación para transporte de pasajeros opera subcontratada.