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Un escenario para revivir la lucha social de los años 70

Los carteles luminosos, un tránsito más liviano y la moda de los años 60 se funden en una foto que nos transporta hacia algunos recovecos olvidados de nuestra historia común.

Domingo 17 de Agosto de 2014

La geografía del centro rosarino en blanco y negro. Los carteles luminosos, un tránsito más liviano y la moda de los años 60 se funden en una foto que nos transporta hacia algunos recovecos olvidados de nuestra historia común.

   En la escena real se encuentra, solitario, Mingo Scaglione. Pero en ese microclima íntimo, simple y chiquito, cobran presencia Adolfo Bello, el Polaco, el Patita, Luis Blanco, Tacuarita Brandazza. Y allí todo se hace grande, inmenso, y los recuerdos se proyectan a escala urbana. El recorrido comienza a verse nítido: las consignas circulan por el Comedor Universitario, la Plaza Pringles -donde Mingo conocerá a su compañera de toda la vida-, la Galería Rumipal, la esquina de Sarmiento y Córdoba. Así, en este auténtico biodrama nos encontramos con un fragmento de la historia viva que se llama “Acto relámpago”, y se presenta todos los viernes a las 22 en La Escalera.

   La obra es el relato en primera persona de Mingo Scaglione. Es la encarnación de una ciudad a la que algunos llamaron “capital del peronismo”, que invoca aquellos años de gran convulsión política, expresados en gran medida por la voluntad y el compromiso de una generación inmersa en un verdadero proceso revolucionario.

   Mingo se estremece, levanta la voz, tiembla, se pone colorado. Ofrece los recuerdos, los pone a disposición para todos los espectadores. Las manifestaciones que desembocan en el “Rosariazo” y sus primeros pasos en la militancia saltan de la anécdota vivencial a verdaderas conclusiones políticas. Estamos ante la presencia de una experiencia de teatro-documental.

   La joven directora Tania Scaglione trabajó con el material que su propio padre vuelca en escena, donde cuenta los detalles de su primera experiencia como responsable de un acto relámpago en octubre de 1972, a pocos días del regreso de Perón al país. Los amantes de la historia política, los que dedican buena parte de su vida a la militancia, los nostálgicos, los que apuestan al cambio. Para ellos, esta obra será inolvidable.

   La propuesta conmueve, emociona, activa algunas fibras que parecían dormidas. Lejos de la pretendida Barcelona o de la condenada Sinaloa, de repente nos encontramos con el recuerdo de una ciudad que fue otra. Sus calles fueron testigos ardientes de aquella unión entre obreros y estudiantes que interpretó al peronismo como el gran motor de profundas transformaciones sociales.

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