Viernes 10 de Abril de 2009
Acompañé la marcha de los discapacitados llamada vía crucis. Un vía crucis cotidiano por el que pasan los discapacitados: desamparo asistencial, laboral, ausencia de planes integradores de deportes y educación, servicios urbanos no equipados, vallas arquitectónicas y las vallas mentales de los ciudadanos que piensan "a mí no me pasa". Llegamos al final del Pasaje Juramento y ese escalón fue el freno simbólico de los reclamos. Frente al Concejo, pienso si nuestra súplica puede ser escuchada, cuando ellos, que son nuestros representantes, nos derivan "para exigir el cumplimiento de las ordenanzas" a la Intendencia. Mi hijo fue el primer discapacitado motriz que se recibió el año pasado en el Instituto Politécnico gracias a lo que en otros países llaman "open mind" (mente abierta) de su personal y sus compañeros. "La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón", decía Howard G. Hendricks. Creo que a través de esta frase se puede simbolizar lo que por años esta institución ha forjado en sus alumnos: no sólo impartir conocimientos sino el legado más importante, las huellas que no se borran con el tiempo: los valores éticos. Cuando mi hijo comenzó en el Poli todos tuvimos miedo a las vallas arquitectónicas, pero quedó demostrado que las peores vallas no son las arquitectónicas, que se pueden sortear, sino las vallas humanas que en este caso no existieron y todos confluyeron en la misma meta: lograr que un discapacitado, no se sienta tan discapacitado y pueda demostrar todas sus capacidades.
Silvia Buonamico, silviabuonamico@yahoo.com.ar