Domingo 20 de Septiembre de 2015
Central es un equipo armado para atacar. Está preparado como esos boxeadores que deben ocupar el centro del ring y desde allí imponer las condiciones de la contienda. Mientras logra imponer sus condiciones se siente cómodo y seguro. Como manejando los tiempos. Pero siempre con predisposición ofensiva. Y así como le cuesta quebrar la resistencia del rival que lo espera con la defensa alta, también se nota que sufre cuando intenta tomar aire esperando al adversario.
Ayer esa falencia se notó en ese lapso de pocos minutos, porque retrocedió unos metros obligado quizás por el desgaste, y como Coudet tal vez demoró un poco los cambios, ya que los hizo desde el minuto 70 en adelante, esto dejó algunas pequeñas fisuras detrás de las espaldas de los volantes.
Por eso se los vio incómodos y desacomodados a los integrantes de la última línea (fundamentalmente los zagueros centrales) y fue por eso que llegó el descuento de Leandro Fernández a los 77.
Y un par de minutos después, un centro pasado encontró la cabeza del moreno Ayoví que se fue cerca del palo derecho de Caranta por muy poco. Es evidente que no es la mejor postura canalla la de esperar en su campo, no está acostumbrado a ese recurso futbolístico cuando el físico acusa el desgaste y es allí donde deberán aceitar los movimientos para conservar el orden y la organización táctica, virtudes que le permiten no sólo sostener el juego sino también desarrollarlo. Es lógico que la pretensión sea el equilibrio constante y Coudet lo sabe, por eso seguramente pondrá una vez más a su equipo en el banco de ajuste.