Viernes 26 de Diciembre de 2008
La muerte del doctor Sebastián Mathurín se produce en un momento de su vida plena de proyectos y de realizaciones en el ámbito familiar y laboral. Pero creo que hay dos formas de ver la muerte del Seba. Una es lo que perdimos y otra es la que vivimos, la que aprovechamos y lo que deja en nosotros. El inmenso capital que dejó su presencia. En lo profesional, los pacientes tuvieron la posibilidad de contar con su capacidad diagnóstica, su rigor para que se les diera lo mejor que teníamos disponible y el análisis permanente de todos los detalles. El servicio de clínica del Hospital Carrasco tuvo una persona con una capacidad de gestión de lo cotidiano, a la cual se le sumaba una visión de mediano y largo plazo. Y ese camino lo transitaba con perseverancia, con tesón, con paciencia y con liderazgo. Esto no es pura retórica. La carrera de posgrado, la construcción de la formación del clínico en red, los trabajos científicos, las primeras publicaciones del servicio en revistas internacionales y el reconocimiento único en los residentes son algunos ejemplos de lo que su capacidad realizó y de lo que deja. Pero también Sebastián se lleva algo. Sebastián no solo encontró un lugar adecuado para plasmar su capacidad en hechos concretos. También vivió el hospital como "su lugar". Y no es que no haya tenido otros, sino que creemos que en el HIC encontró un lugar de respeto, cariño y cuidado que lo realizó y creemos que le dio felicidad. Por último quiero resaltar algo que a muchos nos daba envidia. Todos estudiamos, todos queremos hacer las cosas mejor, todos queremos saber más. Pero Seba lo hacía con alegría. No lo hacía para decir que sabía, no lo hacía para sobresalir, no lo hacía para ganar más o sentir el halago de los demás. Ni siquiera lo hacía para ser el mejor. No. Lo hacía porque disfrutaba de leer un artículo, lo hacía porque le daba alegría llenar las fichas, le daba alegría analizar casos y resolverlos. Nos quedamos con esa imagen y con esa inmensa ventaja de haber contado con él. Creo que vivió su vida con intensidad en lo que amaba que era su familia y su trabajo. Hasta siempre Seba.
Andrés Agüero,
DNI 18.383.892
(Servicio de Clínica del
Hospital Carrasco)