Lunes 02 de Septiembre de 2013
"Un día soleado, pero triste", fue la oración que se escribió hace unos días en el pizarrón del Jardín de Infantes y Maternal Pakalola, de la zona Norte de nuestra queridísima pero abandonada Rosario. Cuando digo abandonada me refiero a la seguridad, sin ser esto una novedad para nadie. Esa mañana, cuando fui a dejar a mi hijo en el lugar, las seños me dijeron que si tenía oportunidad de no dejarlo, por favor, que lo hiciera porque "anoche entraron a robar". La razón no fue lo que se llevaron, sino los destrozos que cometieron en el lugar. Una noche uno de mis cuatro hijos (3 años) me dijo: "Tengo miedo", a lo que respondí que "los monstruos no existen, sólo están en las películas". Y él me aclaró que tiene miedo a los malos que puedan entrar. Entonces es ahí donde se produce la grieta en nuestros corazones, cuando le tengo que explicar a mi hijo que tiene razón, que los monstruos existen, que se llevaron cosas de su jardín sin permiso, que destruyeron las puertas que lo resguardan del frío en estos días, que destrozaron sus cosas, sus ilusiones de entrar ese día contento al lugar que lo contiene cuando no está con su mamá. Que los monstruos existen, que aparecen en televisión jactándose de que están mejorando las fuerzas policiales, entregando vehículos nuevos y extendiendo el período de aprendizaje para hacer "mejores policías". Pero en las comisarías no hay teléfonos, como tampoco tienen nafta para los vehículos nuevos, que los policías nuevos y mejores no están presentes al momento requerido. Que los monstruos existen y nos mienten diciéndonos que la inseguridad es una sensación. ¿Cómo le digo que tiene razón? Que los monstruos existen y que debemos convivir con ellos.
DNI 25.017.367