Lunes 04 de Marzo de 2013
Levantarse, un buen baño, desayuno y una ojeada al diario, mientras intentás digerir la muerte, el robo, el atropello, la sin razón. Aliverti intentando justificar a su hijo y culpar a cuanto periodista se expresa en el caso. Das tu segundo sorbo, ya casi es imposible que el estómago pueda recibir alguna medialuna o una tostada. Terminás leyendo el horóscopo para saber qué te depara el destino y salir a enfrentar el día. Celular en un bolsillo, dinero en otro o escondido en algún secreto lugar; bandolera cruzada y agarrada con ambas manos. Nada de documentos o tarjetas de crédito. Parada de colectivo, "relojear" para ambos lados intentando descifrar si el que está a tu lado es o no un chorro. Colectivo, el pobre chofer insultado porque no paró cerca del cordón, empujada, aplastada y siempre tratando de defender la bandolera. Descendés. Parada temblorosa en la esquina, intentás cruzar con semáforo, como te enseñaron, pero claro decenas de daltónicos cruzan en rojo. Volvés a mirar la triste luz opacada por que Moreno no deja entrar las leds al país y si es rojo, es rojo. Esperás y entre varios autos parados adelante de la senda peatonal llegás a la otra vereda, y pensás lo que antes era rutina ahora es sufrimiento, instante en que te acordás de las autoridades municipales y pensás: inspectores de Tránsito, ¿dónde están? Ya estás cerca del trabajo, pero claro, la Corriente, Clasista y Combativa está acampando y entre la suciedad, las ollas y las carpas intentás pasar. Nuevamente pensando que alguien te robará. De pronto, ves pasar una moto, y en ella, sin cascos, van cuatro personas (dos adultos y dos criaturas). Te quedás pensando qué será de estos pobres niños con padres tan irresponsables, cuando, de pronto, desde la moto que viene atrás intentan arrebatarte la bandolera que por pensar en los pobres niños descuidaste. No pueden con ella, pero sí te tiran al suelo, tu cabeza golpea fuertemente contra el cemento y ahí quedas tirada un rato, sin que nadie te ayude. La gente pasa, cada una abstraída en sus problemas, en los mismos que vos traías. Al cabo de un rato te incorporás entre mareada y desprotegida, buscás un policía. No pensándolo bien, desistís, acordándote de aquella amiga que al ir a denunciar el robo de su negocio, encontró al ladrón cebando mate al policía. Pero claro, el chichón va creciendo y decidís ir al médico. Tomás un taxi, en la guardia, la médica te dice: "Señora, que suerte, la sacó barata". Entonces te vas agradecida porque ese muchacho, persona, o como se llame no te haya matado, quebrado o estropeado más de lo que estás. Llamás a tu jefe que en diez idiomas distintos te contesta. Ya no podés ir a trabajar, tu cabeza da vueltas y vueltas, y gastando tus pocos ahorros volvés en taxi a tu casa. Cerrás la puerta, ponés la traba y pensás cuándo tendré dinero para colocar más seguridad. Un poco más tranquila, por fin, te espera cocinar y esperar a tu familia dispuesta. Entonces prendés la tele, y ves el noticiero, y ves a la señora que vuelve a dejarte a medio comer. Todos contentos aplaudiendo la cantidad de cosas que inauguró y lo bien que lleva él país adelante, cuando la inseguridad es sólo una sensación, la desocupación es un invento, el Indec, Moreno, Clarín, Oyarbide, Hebe, Carlotto, los Schoklender y "la p....". Todavía te falta lavar los platos, acomodar la casa y volver a salir para enfrentar todo otra vez. Moraleja: no pertenezcas a la clase media. Te aplastan los de arriba y los de abajo. Te acosan con impuestos, y si por casualidad intentás sacar un préstamo te piden hasta la partida de defunción de tu bisabuelo. Sólo sentate a pedir, reclamar, insultar, ensuciar y serás tenido en cuenta, y a mirar con docilidad cómo el vicepresidente sigue en pie con no sé cuántas causas pendientes, o los hermanitos o la hija de Hebe. Sos sólo uno más entre tantos, en la más absoluta soledad. Un títere que todos intentan manipular.
Cristina Silvera DNI. 11.127.971