¿Un día de descanso?
El pasado 12 de enero, fui con la intención de disfrutar de un día de relax a un reconocido complejo de cabañas y spa, cercano a Rosario, más precisamente llegando a Maciel. El lugar, que es un campo, como su nombre lo indica, de varias hectáreas...

Martes 22 de Enero de 2013

El pasado 12 de enero, fui con la intención de disfrutar de un día de relax a un reconocido complejo de cabañas y spa, cercano a Rosario, más precisamente llegando a Maciel. El lugar, que es un campo, como su nombre lo indica, de varias hectáreas, ofrece alojamiento en exclusivas cabañas, con un costo superior al de un hotel cinco estrellas. Además se puede ir a pasar el día, ya que dispone de spa con piletas con aguas termales, bar y restaurante. Desde hace un tiempo, promocionan el día de spa en diferentes sitios de Internet, con descuentos de hasta el 70 por ciento. Haciendo alusión a una frase por todos conocida, este campo se ha hecho la fama y ahora se echó a dormir. La belleza del lugar no alcanza para subsanar los groseros errores de atención y falta de cordialidad que demuestran sus empleados, detalles más que importantes a la hora de evaluar el nivel de calidad de un complejo de estas características. Telefónicamente nos informaron que a partir de las 10 horas podríamos ingresar, pero al llegar allí un empleado de seguridad poco amable nos indicó que el ingreso era 10.30, por lo que debíamos permanecer en el auto hasta ese momento. A las 10.31 pasamos a la administración, donde nos recibió una señorita nada agradable que se limitó a indicarnos el camino hacia el spa. Después de agregar que el restaurante estaba cerrado, nos terminó de dar la bienvenida con la frase "el libro de quejas está a su disposición". ¿Qué buen comienzo, no? Después de un recibimiento tan acogedor y cordial, nos trasladamos hasta el sector de spa, seguidas por una gran cantidad de concurrentes. Allí descubrimos que ninguno de los pozones de aguas termales que hay en contacto con la naturaleza estaba habilitado (sólo las dos piscinas más grandes); el precario bar que allí funciona, abría más tarde; si queríamos tomar mate, debíamos abonar 10 pesos por una mesa y tener una consumición mínima; las duchas cercanas a las piletas se habilitaban también más tarde, al igual que el sauna; solamente se podía tomar agua de un dispenser, pero no estaba a disposición de todos, una empleada servía y entregaba los vasitos; y las duchas de los vestuarios tenían agua fría, seguramente porque se apagó el calefón, como me explicaron. Yo me pregunto, si todo esto ocurrió un sábado de enero entre las 11 y las 15, con el lugar repleto de gente, ¿cómo será un martes de mayo o agosto? Puedo imaginármelo, pero no lo pienso experimentar. No había una persona que no se quejara por la atención malísima y los servicios deficientes. Evidentemente los propietarios de este lugar están muy lejos de obtener un premio a la calidad institucional, y probablemente no les interese. Una pena… se hicieron la fama y ahora se dedican a dormir.

Carolina Metzgar