Domingo 07 de Marzo de 2010
"Sostener que el alud se debió sólo a causas naturales no tiene ningún fundamento técnico, guarda una clara intencionalidad política y se podría semejar a un encubrimiento del accionar de las empresas", señaló Raúl Seggiaro, doctor en geología, docente de la Universidad de Salta y miembro del equipo del Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar).
En una investigación titulada "Inundación en la ciudad de Tartagal", asegura que "el desastre contó con una sumatoria de factores naturales y antrópicos (intervención del hombre)". "Las actividades realizadas en la zona se relacionan con la acción petrolera (picadas, caminos y líneas sísmicas); explotación maderera; actividad agropecuaria; oleoductos y obras civiles para infraestructura de la ciudad. La tala selectiva y la deforestación para caminos, tendidos eléctricos y picadas aumentan la erosión y la escorrentía (agua que corre por la superficie)", señala el informe.
Desde el primer momento, organizaciones sociales, pueblos originarios, investigadores y parte de la prensa de Tartagal, rechaza la hipótesis del gobierno municipal, provincial y nacional, que culpaba a la naturaleza por el desastre.
Ya tres años antes, la universidad salteña había alertado sobre la fragilidad del ambiente y la acción de empresas extractivas. Pero las compañías agropecuarias, madereras y petroleras deslindaban responsabilidades, amparadas por las versiones oficiales.
La yunga del norte salteño cuenta con petróleo, gas, tierras productivas, bosques frondosos, selva y agua. Esa riqueza de la tierra obra como maldición para sus pobladores, la explotación y extracción de sus recursos naturales trajo desocupación, el clientelismo político creado por los planes de ayuda y la corrupción que se enquistó en la misma Municipalidad con la distribución de la ayuda. "No hay dudas de que Tartagal está expuesta a otro desastre como el de 2006 o el alud de 2009. Es urgente trabajar —advierten— en la sustentabilidad de la alta cuenca, reforestar, frenar la actividad petrolera, prohibir la tala y ejercer un control estricto del desmonte. Nada de eso sucedió ni sucede. Entonces otro desastre es posible".