Edición Impresa

Un danés que vino a estudiar y se enamoró de la “locura” de Central

Ulrik Kristian Ortmann tiene 47 años, es danés, vive en Aarbus con su mujer y sus dos hijos y es de Central. Sí: simpatiza para el club AGF, de camiseta blanquiazul y uno de los más antiguos de la liga danesa, pero es canalla.

Viernes 17 de Octubre de 2014

Ulrik Kristian Ortmann tiene 47 años, es danés, vive en Aarbus con su mujer y sus dos hijos y es de Central. Sí: simpatiza para el club AGF, de camiseta blanquiazul y uno de los más antiguos de la liga danesa, pero es canalla. ¿Cómo? “Sí, fui a estudiar a los 24 años a Rosario, vi un partido en el Gigante y sentí una pasión que nunca antes ni después viví con el fútbol. Claro que veré el clásico y me parece que ganará Central, no porque esté jugando bien sino por su garra”. Estos son los argumentos de Ulrik, profesor de inglés y castellano secundario en una ciudad ubicada a tres horas de Copenhague.

   La historia del canalla danés empezó así. “Estudiaba castellano en la universidad y elegí a Argentina como país hispanoparlante. Veía por televisión la pasión futbolera y me atrajo el destino. Llegué a Rosario, porque había un acuerdo entre mi universidad, en Aarbus, y la UNR (Universidad Nacional de Rosario), pero no conocía a nadie. Era el año 1991, y un día un grupo de amigos de la facultad me invitó al Gigante. Central jugaba contra Unión y ganó 1 a 0. Recuerdo que fuimos a la popular del lado de Regatas. Cuando hizo el gol Central vi la locura, literalmente. Recuerdo que me sumé a los gritos de toda la hinchada; mirá acá no se vive algo así: en las canchas las hinchadas se mezclan, la gente ve los partidos sentada y tomando cerveza, se levanta ante un gol y se vuelve a sentar. Y en lugar de choripanes comemos salchicha vienesa parrillada. ¿Se entiende la diferencia? Nada es como allá”, aseguró.

   Ulrik dijo que mientras estuvo en Rosario nunca dejó de ir a la cancha de Arroyito. “Fui a Rosario por cinco meses y me quedé finalmente cuatro años.  Me compré varias camisetas y hoy aún tengo dos llaveros, escudos y un casete con el himno centralista”.
  Confesó que por esos años no sólo se enamoró de la ciudad, de Rosario Central y del juego de Mario Kempes y Omar Palma, también de una mujer. Y que en medio de tanto éxtasis decidió hacer una tesis que tituló: “Futbol e identidad”, un trabajo que habla de los mitos sobre los que se construyen las fisonomías de las hinchadas. Por las entrevistas que realizó para el trabajo lo conocieron los miembros de la Ocal (una cofradía folclórica propia de la rivalidad futbolística, autodenominada Organización Canalla para América Latina). La entidad lo nombró miembro de honor y responsable de la sede auriazul en Dinamarca. Los años pasaron, no siguió en pareja con la novia que conoció en Rosario y volvió a su ciudad. Armó una familia (con su mujer Nicoline, que es danesa, tuvo a sus dos hijos: Silja, la nena de 13 años y arquera de fútbol, y Theodor, de 10 años) y sigue sintiendo que es de Central. Y lo dice así de simple: “Soy canalla”.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario