Domingo 13 de Julio de 2014
Un cuadro expropiado a judíos en el nazismo fue adjudicado por la justicia alemana a los descendientes del portero de un cuartel nazi. Un tribunal de la ciudad de Munich falló en mayo pasado que la pintura fuese restituida a la familia del empleado de un cuartel. La presunta propietaria del cuadro era judía y fue deportada a campos de concentración. Según la Oficina Alemana de Asuntos Patrimoniales Pendientes, no hay descendientes de la mujer que puedan reclamar el cuadro.
El cuadro, de un valor estimado en unos 100.000 euros (135.000 dólares), apareció en noviembre de 2008 en un programa de subastas por televisión y fue identificado por un espectador como arte expoliado.
La policía alemana abrió una investigación. La pintura procedía al parecer originariamente del mismo marchante al que el comerciante de arte Hildebrand Gurlitt compró muchos otros cuadros que heredó luego su hijo Cornelius. Se desconoce cómo llegó la obra a manos del vigilante del cuartel nazi.
Gurlitt adquirió la pintura del artista flamenco barroco Frans Francken titulada "El sermón de la montaña" en 1943 en la Francia ocupada por los nazis para incorporarla a una colección destinada al futuro Museo del Führer en honor al dictador nazi.
La obra había sido dada por desaparecida en 1945. Se perdió su rastro junto con el de otras 650 en el saqueo de un edificio en Múnich a finales de la Segunda Guerra Mundial.
Cornelius Gurlitt falleció a principios de mayo a los 81 años, después de protagonizar una de las noticias artísticas de 2013 por el hallazgo en su casa de una valiosa colección, un total de 1.400 lienzos expropiados de forma ilegal por los nazis.
Gurlitt había llegado a un acuerdo con el gobierno alemán y las autoridades bávaras para la inspección y eventual restitución de las piezas a sus legítimos propietarios.
El caso de Gurlitt salió a relucir en febrero de 2012, al revelarse que durante décadas tuvo en su poder piezas de Picasso, Chagall, Matisse, Beckmann y Nolde, la existencia de algunas de las cuales se desconocía. Pero se había iniciado el 22 de septiembre de 2010, con un control de rutina en un tren que iba de Munich a Zurich (Suiza), cuando agentes de aduana encontraron una gran cantidad de dinero en efectivo en poder del coleccionista. El hallazgo despertó la sospecha de que podía haber un delito fiscal de por medio, por lo que se inició una investigación que llevó, dos años después, a un registro de la vivienda de Gurlitt en Munich, donde se encontraron 1.280 obras de artes.