Un cruce cordillerano que evoca la gesta sanmartiniana
El cruce cordillerano en mula, un singular raid que se lleva a cabo en honor a la expedición a Chile por La Rioja durante la gesta sanmartiniana, comenzó ayer en el refugio Barranca Blanca, a 3.800 metros de altura...

Domingo 23 de Enero de 2011

El cruce cordillerano en mula, un singular raid que se lleva a cabo en honor a la expedición a Chile por La Rioja durante la gesta sanmartiniana, comenzó ayer en el refugio Barranca Blanca, a 3.800 metros de altura, con la participación de unos 200 cultores del acervo patrio.
  La travesía, que concluirá hoy en el hito fronterizo Come Caballos, con un encuentro con una comitiva chilena, es encabezada por el gobernador de La Rioja, Luis Beder Herrera, y recorre senderos bordeados por los paisajes multicolores de las montañas riojanas, con predominio del rojo y el azul del cielo.
  El gobernador presidió la ceremonia oficial de partida desde la localidad de Guandacol, de donde el 22 de enero de 1817 salió una columna de 350 milicianos al mando de Zelaya y Dávila, para tomar las ciudades de Copiapó y Huasco, que estaban en manos de españoles.
  La denominada Expedición Zelada Dávila, que se recuerda con este cruce, se realizó a pedido del general San Martín con la intención de debilitar a las fuerzas colonialistas y asegurar su triunfo en la batalla de Chacabuco al mes siguiente, tras cruzar por San Juan con el Ejército Libertador.
  Esa epopeya se emula de manera simbólica, ya que el trayecto de unos 270 kilómetros entre Guandacol y Barrancas Blancas se realiza en vehículos a motor.
  Los choferes que guían en ese tramo son especializados en montaña y deben guiar por cuestas, barrancas, caracoles de los sinuosos y polvorientos caminos de ripio rojizo, siempre en ascenso, también enmarcados por la policromía de los cerros, desde la localidad de Vinchina.
  Después de este pueblo, que tiene sólo una calle que lo atraviesa, el camino entra en su etapa más entretenida al internarse en la quebrada de la Troya y bordea el río del mismo nombre, que en esta época es un hilo de agua que baja de varios nevados.
  A ambos lados del camino surgen curiosas formas naturales, producto de la erosión causada por las aguas, el viento y la lluvia durante millones de años.
  Entre ellas se destaca La Pirámide, una figura rojo ladrillo, cerca de la cual también hay un alero con huellas de manos precolombinas y, no muy lejos de la ruta, restos de un bosque petrificado.
  Otro punto destacado del trayecto es la quebrada de las Vacas Secas, que es una base para los montañistas que escalan el Pissis, el Veladero y el cráter Corona del Inca.
  Luego de un gran esfuerzo de motores en la Cuesta de la Laguna, se llega al mayor atractivo paisajístico de la zona: Laguna Brava, una estación de aves migratorias considerada área protegida internacional.
  La belleza del paisaje va de la mano con las dificultades para recorrerlo, debido al terreno y a la falta de oxígeno en el aire a medida que se asciende.
  Prueba de ello lo dieron ayer varias bajas entre los expedicionarios, que afectados por la altura fueron retirados de la expedición por prescripción médica. l