Martes 09 de Julio de 2013
Jamás olvidemos que quien salva una vida salva al mundo. Pero jamás olvidemos que lo que pueda sucederle a un ser humano puede sucedernos a todos. Por eso no debemos demostrar indiferencia frente a magnicidios o crueldades en los que hubo víctimas, victimarios y un mundo que sufre. El Holocausto promovido por los nazis para exterminar al pueblo judío, el apartheid en Sudáfrica que intentó esclavizar a los negros, el terrorismo de estado en nuestro país que forzó la desaparición de miles de inocentes, la revolución militar contra el gobierno sirio que acumula más de cien mil muertos, la dolorosa partición checoslovaca, los terrorismos entre irlandeses e ingleses, o entre españoles y vascos, son ejemplos palpables de actos humanos enfermizos.
El Papa Francisco es el ejemplo real de sabiduría y conocimiento de estas acciones humanas. Se reunió con 30 delegados del Comité Judío Internacional para las Consultaciones Interreligiosas. Su fervoroso saludo a los miembros del comité fue: “Queridos hermanos mayores ¡shalom! (paz). Esta Iglesia reconoce que los inicios de su fe y elección se encuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y en los Profetas”. Recordó las enseñanzas de San Pablo según las cuales los dones y llamada de Dios son irrevocables.
Finalmente, el Papa condenó firmemente los odios, persecuciones y todas las manifestaciones de antisemitismo, para finalizar recordando que “por nuestras raíces comunes, ¡un cristiano no puede ser antisemita!”. Me conmovió que al “enviado de Dios en la Tierra” le bastaran esas seis palabras para instalar paz y esperanza en el alma de millones de personas. Cuanto significado y carisma representó para mí su inolvidable concepto.
Rubén Mario Baremberg - DNI 6.012.531