Un ciudadano común
Soy un ciudadano común de 52 años, propietario de una casa confortable (no de lujo) en Rosario, comprada a base de esfuerzo y ahorros. Tengo un auto modelo 2006, producto de las mismas circunstancias que mi hogar.

Martes 08 de Noviembre de 2011

Soy un ciudadano común de 52 años, propietario de una casa confortable (no de lujo) en Rosario, comprada a base de esfuerzo y ahorros. Tengo un auto modelo 2006, producto de las mismas circunstancias que mi hogar. De profesión, periodista (de los que nada se callan y viven en la realidad cotidiana). Jubilado de hace un tiempo por incapacidad (y no por incapaz), y me lleva a escribir estas frases la impotencia (no sexual), y a la que deben sentir muchos argentinos que viven en la situación a comentar. Siendo trabajador en dependencia, en su momento opté por aportar a la jubilación privada, ex Afjp, en mi caso, en principio Previnter, luego Orígenes que en ocasión de otorgarme el beneficio definitivo, cobraba una razonable suma de dinero, a pesar de ser considerablemente menor de lo que percibía estando en actividad. Luego, el hecho conocido por todos, el Estado disuelve dichas entidades y pasamos todos por la Ansés en un acto confiscatorio y desconociendo nuestros derechos a haber optado por otro sistema. En los últimos cinco años, mi jubilación aumentó menos del 30%, cuando las previsiones de mi Afjp auguraban buenos dividendos; y el Indec “dibuja” otros números. Y pasa que en el momento de intentar pedir un reajuste, una reconsideración, hay que hacer juicio al Estado, que puede durar varios años, mientras la crisis (y los abogados) intentan comerse y vaciar nuestros bolsillos, burlándose y cobrando desde 300 pesos en forma anticipada, sin saber cuándo esa diferencia que no cobramos los jubilados se la llevan Grondona (y el fútbol gratis para todos), los legisladores y sus fondos reservados, las Madres de Plaza de Mayo subsidiadas, el transporte en Capital Federal subsidiado. Señora presidenta, de una operación de cambio de sexo se hace cargo el Estado, mientras que hay hospitales que no tienen insumos básicos, tienen médicos mal pagos, obras sociales en quiebra, cuyos afiliados no tienen cobertura médica. En definitiva, la impotencia de un ciudadano común ante la arrogancia y la soberbia de quienes deberían estar del lado de los desprotegidos.

Gustavo A. Lowden