Domingo 13 de Septiembre de 2015
Desde el momento en que Germán Delfino pitó el final del partido ante Arsenal la imagen se instaló por sí sola. Rosario Central entraba en la semana previa al clásico ante Newell’s en uno de sus mejores momentos del torneo. El mejor sin dudas sacando aquel arranque arrollador de cinco victorias consecutivas cuando el campeonato recién se ponía en marcha. Por supuesto lo que se pone en el tapete es lo que tiene que ver con los resultados. Desde otro aspecto podrían abrirse algunos paréntesis analíticos más complejos, pero desde el sostén de los números no hay margen para el error. Este se trata del segundo mejor momento del equipo canalla en el torneo, más allá de las bajas de Pablo Alvarez y, sobre todo, Franco Cervi. Lo dicen las tres victorias que lleva de manera consecutiva (Belgrano, Unión y Arsenal). Puede ser un gran aliciente, un sostén clave para el domingo. Puede resultar una presión extra. Todo depende del cristal con que se lo mire.
El análisis cae como anillo al dedo por el contexto. Es que hoy hay un nuevo choque contra Newell’s, con todo lo que ello implica, y las miradas sobre el arribo futbolístico y anímico (siempre y de un lado como del otro) se tornan inexorables, imprescindibles. Pero no es caprichoso hacerlo justo en este momento. Porque después de aquellos cinco triunfos (Racing, Tigre, Crucero del Norte, Olimpo y Temperley) no hubo nunca más otra seguidilla igual. No sólo eso. Desde ese momento el equipo del Chacho Coudet nunca pudo meter dos encuentros al hilo, hasta Belgrano y Unión. Vaya si no merece ser resaltado el momento.
Puede parecer un dato menor, pero está el detalle de que este reencuentro con la regularidad en cuanto a los buenos resultados (en el medio logró el pasaje a cuartos de final en la Copa Argentina) se dio en momento clave: después del peor partido disputado por Central en lo que va del campeonato, ante Quilmes. De allí que pueda tomarse como doblemente meritorio el haber sabido hallar los atajos hacia una rápida recuperación.
Pero claro, lo que más importa es el clásico del domingo. Allí está el verdadero foco de atención. Y en el medio aparecen las mil conjeturas, propias de cada antesala de un derby, sobre si se deben tener en cuenta los antecedentes y la forma en la que arriba cada equipo. Es que las frases hechas (no por ello inapropiadas) de que se trata de un partido aparte están a la orden del día, excepto para Lucas Bernardi, quien dijo claramente que “el favorito es Central”. No obstante, ejemplos sobran sobre batacazos que suelen darse.
No obstante, la realidad, incontrastable por cierto, de este presente de Central forma parte de esas semblanzas que deben aparecer.
Lo de Belgrano fue parejo de principio a fin. Ante Unión hubo ciertas falencias, corregidas en un determinado momento durante el partido. Ante Arsenal costó más de la cuenta por un buen planteo inicial del equipo de Caruso Lombardi, pero la ecuación se resolvió aun quedando algo de hilo en el carretel. Tres partidos en los que se va camino a emular aquel frenético inicio de competencia.
En el medio hubo retoques en el equipo por parte de Coudet, principalmente después de aquella flaca puesta en escena en cancha de Quilmes. Nombres que aparecieron y otros que dejaron la titularidad y hasta distintos esquemas. Tal vez hayan hecho a la cuestión, pero en cierta forma no dejan de ser aleatorios. El final de cada una de esas historias es lo que realmente cuenta.
Y así arriba Central a un nuevo clásico. Con las obligaciones lógicas de sumar de a tres para mantenerse en el lote junto a los equipos que pueden darse el lujo de soñar con el título, pero montado de la ola de buenos resultados. Se trata del segundo mejor momento de Central en el torneo. Y es justo en la previa de un partido especial.