Sábado 04 de Enero de 2014
Una vez más, recurro a esta sección del diario, donde reconozco y agradezco siempre haber tenido eco a mis inquietudes y propuestas. Pero, en esta oportunidad, les escribo no para quejarme o para hacer notar algo que no me gusta o no estoy de acuerdo. Es para poner en relieve un valor humano esencial en la vida de una persona: la amistad. Es muy frecuente que a esta altura del año, ensayemos algún tipo de balance, ya sea económico, familiar, laboral y de otros ámbitos, de cómo hemos transitado por el mismo. Por ese motivo, hoy se me ocurre hacer alguna reflexión sobre la amistad. Los que hemos pasado la sexta década de vida, quizás entendamos y comprendamos mejor de qué estamos hablando. El vínculo de la amistad nos ayuda y nos reconforta para sobrellevar algún momento difícil de la vida, que todos tenemos. Como también nos retroalimenta con el otro, nos ayuda y nos da fuerzas. A la vez, en los momentos de felicidad, de placer y de alegría, que por suerte predominan en nuestra vida, se disfrutan más si son compartidos con amigos. A título personal, permítanme contarles una experiencia. Días pasados, previos a la Navidad, recibí una invitación de un amigo, ex vecino, a reunirnos para festejar su cumpleaños y la proximidad de las fiestas de Fin de Año. Amigos del buen paladar para los alimentos sólidos y mejor paladar para los líquidos, nos fuimos reuniendo junto a la parrilla y la mesa. De a poco, se fue creando el clima de alegría por el reencuentro de tanta gente que en algunos casos hacía años que no veíamos. Conversando, recorrimos los temas más variados, sobre la familia, los hijos, los nietos, sobre fútbol, sobre política donde confluíamos con distintas ideas y formas de ver la realidad que nos toca vivir, y por qué no decirlo, como corresponde a toda reunión de varones y esposas maduras, macaneamos también sobre el sexo. Siempre tratando de crecer en la diversidad de opiniones, reconociendo al otro y por su intermedio, reconociéndome yo mismo. Ahora bien, no daré nombres, pero en el abanico de profesiones y de actividades de los invitados se encontraba presente un viejo periodista de la ciudad y muy conocido en el medio, vecino de Pichincha, simpatizante de San Lorenzo, profesor de historia, experto en relaciones internacionales, que llamativamente se mostró disconforme con el menú, pero les aseguro que comió y tomó como los antiguos romanos. Adujo que no alcanzaría la comida por la cantidad de gente presente, presionando e incomodando al dueño de casa ante cada brindis. Pero, por supuesto, fue una manifestación de broma y jarana del periodista al amigo. Porque, que yo sepa, nadie mejor que él para "pensar, pensar, pensar" que lo importante no es llenarse sino compartir. Hay que dudar y desconfiar de la persona que no tiene amigos, de la persona que no tenga con quien compartir su paso por la vida. Para la gente del diario, para mis amigos, ¡Feliz año 2014! Hasta siempre.
Jorge Omar Bustamante
DNI 7.796.562