Sábado 13 de Diciembre de 2008
Cuando la noche se hace larga, interminable y oscurece en el dolor, la tristeza y la impotencia son el denominador común que nuestro barrio vive hoy sin encontrar respuesta al silencio, la desidia y el abandono. Miguel Pompa era un tipo como vos, como yo, como cualquiera, trabajador, con sus sueños, gustos y deseos para él y su familia. Un gracias o tal vez muchas gracias cerraban la visita obligada: "¡Me cayó gente!", "¡El nene se olvidó de la merienda especial!"; sin posnet ni tarjeta, fiado o contado, el almacén de barrio estaba vivo. Su mamá, María, acompañaba las tardes con el mate, en su silla al costado del mostrador. ¡Hola María! Y en el susurro Miguel decía: "No te saluda porque no ve bien"; tal vez esa poca visión haya atenuado el horror del disparo que padeció su hijo en ese pecho canalla y salaíto que no pudo aguantar tan salvaje ataque. Desde la partida del comisario Cabrera nuestro barrio es tierra de nadie; ni horarios, ni lugares, cualquier situación hace al ladrón. Estamos a cinco minutos del centro, somos un barrio sin focos de periferia de alto riesgo; no hay villas miseria ni conflictos internos. Exigimos la pronta intervención de la comisaría 7ª y que se declare la emergencia a la seguridad pública en el barrio. Dentro de poco la Estación Terminal de Omnibus se verá más concurrida por la temporada estival y será este otro elemento de atracción para los delincuentes. Esperemos que mejore las prevención del delito.
Claudio G. Pascual
DNI 12.944.678