Sábado 17 de Octubre de 2009
El domingo pasado se realizaron en el autódromo de Paraná pruebas organizadas por una banda de delincuentes, a los que sólo les faltaba ir armados, dedicados a "arrancarles" todo el dinero posible a los miles de aficionados que, pese al tornado del sábado a la noche y madrugada siguiente, se arriesgaron a estar en ese predio. Vergonzoso. Los pocos baños químicos convertidos en una montaña de desperdicios humanos de toda clase que nadie se aventuró siquiera a lavar cada media hora. Muchas
descomposturas, incluso por la desmesurada ingesta de alcohol (una botella de cerveza a 15 pesos), se "destacaban" en esos baños. Pobres mujeres. El estacionamiento (20 pesos por vehículo), convertido en un impresionante lodazal, no fue controlado por nadie. Pero para cobrar son buenos. Es una verdadera pena que esos miles de fanáticos sean engañados de esa manera. El automovilismo es un verdadero espectáculo colorido que atrae a familias enteras. Y nadie se queja por el ruido. Pero esto es otra cosa: es tomar a la pobre gente por estúpida. La policía que debe controlar el perímetro del autódromo está verdaderamente en otra. Cuando ganó el entrerriano Mariano Werner la prueba del TC se desató la euforia y miles de admiradores del joven se lanzaron a la pista arriesgando todo y con la policía mirando el espectáculo. Werner debió detener la marcha de su Ford para no matar a nadie. Terminada la carrera muchísimos espectadores intentaron retirarse rápido del autódromo. Fue imposible por los atascos, que nadie se preocupaba por ordenar, salvo cuando a las dos horas los automóviles llegaban al cruce de la calle de barro (como todas las de la zona) del circuito y la ruta cercana, sobre el pavimento. Los incidentes entre borrachos fueron comunes y con el lodo los automóviles particulares, en muchos casos, resultaron dañados. No es fácil manejar patinando. Hace dos semanas Santa Fe hizo otra prueba de automovilismo en un circuito callejero. De noche y de día. Fue un éxito. El automovilismo es apasionante, pero deben ser sus autoridades personas serias. Responsables. Es una pena que cientos de rosarinos se deban trasladar a Entre Ríos para comprobar este verdadero asalto a los bolsillos.
Héctor Méndez