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Un amor atípico para reflexionar sobre el deseo y el sentimiento

"La cabra" se presentó en tres funciones en el Astengo sostenida en una historia tragicómica y una lucida actuación de Julio Chávez.

Lunes 06 de Mayo de 2013

A veces una mirada puede cambiar el curso de una vida, o de la vida de una familia. Y si no que lo diga Charlie, quien asegura que a partir de que Sylvia lo miró se produjo "un milagro". Este es el disparador de "La cabra", la comedia dramática (o un drama en tono de comedia) que se presentó el fin de semana pasado en tres funciones a pleno en el Auditorio Fundación Astengo. La obra de Edward Albee permitió ver en vivo en Rosario al mejor actor de la escena argentina, Julio Chávez, bien secundado por Viviana Saccone, en una historia que permite reflexionar sobre los vaivenes del deseo en una cultura que no parece preparada para atravesar situaciones afectivas que escapan de los carriles convencionales.

Un engaño es difícil de soportar, pero ser engañado por una cabra resulta impensado, casi una tragedia. Eso le sucede a Julia (Saccone), a quien su marido Charlie (Chávez) —un exitoso arquitecto que acaba de cumplir 50 años y está en el mejor momento de su carrera— le dice muy suelto de cuerpo que está enamorado de una cabra llamada Sylvia. Y ella lo toma en broma, como lo haría la mayoría de las mujeres. Pero no, lo que le pasa a Charlie es serio, demasiado serio.

Quizá este es el planteo más jugoso de la obra de Albee, sobriamente dirigida por el mismo Chávez, y es el ida y vuelta de una situación mostrada de un modo gracioso pero que en el fondo es un hecho dramático para una estructura de pareja, e incluso familiar. "Que el día se rebobine" dice Julia, tras leer una carta de un amigo que le ratifica el tan atípico romance, y cuando se entera que aquel supuesto chiste de su esposo era una rotunda confesión.

Los valores y los códigos familiares se quiebran en "La cabra" de la noche a la mañana.

Lo que era un matrimonio perfecto deja de serlo, lo que era una pareja contenedora, que aceptó sin complicaciones la homosexualidad de su hijo Willy (correcta labor de Santiago García Rosa), desaparece.

Por eso a partir de esta terrible confesión, la pareja empieza a desnudar sus puntos flacos, y ese padre que tanto ama a su hijo se anima a burlarse de su elección sexual, sin contemplar que el joven está destruido porque ve cómo esos referentes que son sus padres se están destruyendo, y encima lo hacen frente a sus ojos.

La obra también plantea una crítica a la mirada de la sociedad que gusta de todo lo políticamente correcto. Y se muestra a partir de este nuevo enamoramiento de Charlie. Es que pese a que no puede determinarse si tuvo un desequilibrio mental o no, lo cierto es que el personaje es fiel a su sentimiento. "Esto me pasó", insiste, sin que lo puedan comprender ni su mujer, ni su hijo, e incluso su mejor amigo Axel (Vando Villamil), que a partir de aquella carta a Julia supuestamente inevitable traiciona el pacto de lealtad y ya no hay vuelta atrás.

La puesta en escena transmite la misma impronta que Chávez, motor y nervio de "La cabra".

Es que sin una interpretación de su vuelo hubiese sido imposible sumergirse en un caso de zoofilia y abordarlo con drama y humor.

Pero, lo mejor, es que desde la pasión actoral de Julio Chávez la obra invita a pensar las rutas inexploradas e inimaginables del deseo humano.

El llanto que rompió el clima teatral

“Les pido perdón, pero así no podemos seguir”, dijo Chávez a minutos de comenzar el segundo acto de la función del sábado. Es que el llanto de un niño comenzaba a tomar protagonismo (y volumen) en la sala y la concentración del público y actores se diluía. Los padres del chico tomaron la decisión, bastante tardía, de retirarse de la sala y el segundo acto, de alto contenido dramático, dio inicio nuevamente como si nada hubiese pasado.

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