La Ciudad

Un amigo rompió el pacto de silencio en la causa por la picada mortal

Venía como acompañante del segundo auto y vio toda la secuencia del choque en avenida Del Rosario y Ayacucho, donde murieron un padre y su hijo de 8 años. Sufrió lesiones psíquicas y su testimonio es fundamental.

Miércoles 12 de Mayo de 2021

“Pará que nos matamos”, le imploró un amigo desde el asiento del acompañante a Pablo Mancini (36), imputado junto a Germán Schoeller (36) en la causa que investiga la picada mortal en la que murieron David Pizorno y su hijo Valentino, el último 20 de marzo en Ayacucho y avenida Del Rosario.

El hombre que rompió el pacto de silencio en el grupo de amigos iba en el Citroën C4 que conducía Mancini, que pasó a 132 kilómetros por hora por la esquina sin impactar de lleno contra el auto de las dos víctimas fatales, y se convirtió en un testigo clave para dar cuenta del antes, durante y después del siniestro.

Aseguró que temió por su vida y que le pidió reiteradamente a su amigo que parara de acelerar mientras se aferraba a la manija de la puerta y al asiento con temor, con el auto volando por la avenida y toda su familia pasando por su cabeza como una película. Luego del choque fatal, volvió al lugar del hecho junto a Mancini y observó el resultado de la conducta temeraria. Ese recuerdo se convertiría en imborrable y lo perseguiría hasta hoy, a casi dos meses del choque.

El testimonio fue una carta fuerte que jugaron los fiscales y la mantuvieron en reserva hasta la audiencia imputativa de este lunes en la que Schoeller, que manejaba el Renault Sandero que chocó a toda velocidad al Citroën C3 de los Pizorno, fue acusado (al igual que había sucedido con Mancini) por homicidio simple con dolo eventual en calidad de coautor, una calificación que tiene una pena en expectativa de 8 a 25 años. Al igual que su amigo, quedó detenido por plazo de ley y aguardará todo el proceso tras las rejas.

Ahora, esta persona que atestiguó en contra de sus amigos es considerada por la Fiscalía como víctima, porque la vivencia del hecho le generó lesiones psíquicas corroboradas por un informe médico legal. Se trata de un shock o estrés postraumático que requiere un tratamiento y que recién dentro de 6 meses se podrá probar si es crónico o reversible.

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Está en un estado de shock y será considerado una víctima, porque las lesiones no son solamente físicas, pueden ser psicológicas. Se subió a un auto pensando que iba a jugar a la Play pero Mancini empezó a acelerar y pensó que se mataban. En su testimonial declara que le dijo «pará que nos matamos, aflojá, ¿qué estás haciendo?» y que el imputado hizo caso omiso”, explicó la fiscal Valeria Piazza Iglesias.

Al momento de declarar, el testigo no dejaba de llorar, envuelto en un profundo trauma. La Fiscalía lo envió al consultorio médico forense de Tribunales, cuyos profesionales dictaminaron que tiene un shock postraumático, que le genera episodios de angustia, llanto y quebrantamiento de voz. Ahora está bajo tratamiento psicológico. “Relató que siempre iba mirando para adelante, agarrado del pasamanos y de la parte de abajo del asiento muy fuerte por la velocidad que iba el coche. Y que le dijo constantemente a su amigo que se iban a matar”, reconstruyó Piazza Iglesias.

Cronología

La noche de la colisión, Schoeller y Mancini se habían juntado a cenar, como muchos otros viernes, en una cancha de paddle de zona sur con otros ex compañeros del colegio Cristo Rey con los que mantuvieron el vínculo luego de terminar la escuela. Todos habían comido un asado en el Club de Paddle Utopía, propiedad de la familia de un amigo, junto a otras cuatro personas que conocen desde niños.

Cuando cerró el lugar, ubicado en Castro Barros e Hilarión de la Quintana, Mancini los invitó a su casa, en la zona de Laprida al 6100, a jugar a la Playstation. No habían tomado alcohol ni consumido drogas, lo que fue corroborado por exámenes posteriores. Uno de los participantes, hijo de la dueña del lugar, se fue 15 minutos antes de que los otros cinco comensales salieran en tres autos.

El video muestra que los tres toman Castro Barros y doblan a la izquierda en avenida Del Rosario. Se trata de los dos coches que protagonizarían el siniestro, en uno de los cuales iba Schoeller y en el otro Mancini junto al ahora testigo clave, y un Volkswagen Polo azul en el que iban dos amigos. En ese momento, según el material audiovisual, los coches hicieron señas de luces para “abrir la cancha” y que otros vehículos se corrieran del camino. La fiscal cree que hubo un “pacto tácito”, que consiste en ponerse lado a lado, mirarse y acelerar para correr la picada. Luego salieron disparados.

Las pericias dicen que aceleraron hasta llegar a 132 kilómetros por hora. Los muchachos del Polo testificaron que los dos coches les sacaron 200 metros de distancia en cuestión de segundos. El choque mortal de Schoeller contra los Pizorno se dio en avenida Del Rosario y Ayacucho. Momentos después, Mancini dejó estacionado su coche, que llevaba dos asientos de niño en la parte trasera, dio la vuelta y volvió al lugar del siniestro junto al testigo clave. Luego se entregaría en la seccional 15.

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El testigo relató que retornó a la zona de la colisión junto a Mancini, adonde también estaban otros amigos de los imputados que intentaron llevarse pertenencias de Schoeller, un bolso y un celular, antes de ser sorprendidos por la policía que puso los elementos rápidamente bajo custodia. La acción hace pensar que podrían haber intentado borrar datos del teléfono, como una posible filmación de la picada. Todo eso será dilucidado en la pericia informática, aún si la información fue borrada.

La causa lleva poco más de un mes y medio, pero registra un nivel de avance importante. Solamente restan resolver cuestiones técnicas, como las pericias accidentológicas, una reconstrucción en el lugar del hecho y una recopilación de todas las filmaciones que se fueron recabando, tanto las del impacto como de los momentos anteriores que muestran a los dos coches pasando a máxima velocidad para acreditar que venían haciendo pruebas de velocidad y destreza.

Esta teoría se basa en el relato detallado de otro testigo, un vecino de la zona que llegaba a su casa y estaba abriendo el portón. El hombre escuchó el ruido desde varias cuadras y vio pasar las luces a toda velocidad, segundos antes de que se produzca el siniestro. Es un testimonio importante para probar que Schoeller y Mancini corrían picadas.

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