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Un adversario de viejos dogmas

Joven, astuto y con muy poco de izquierda: el presidente francés, François Hollande, convirtió al político favorito de su equipo de gobierno, Manuel Valls, en primer ministro.

Martes 01 de Abril de 2014

Joven, astuto y con muy poco de izquierda: el presidente francés, François Hollande, convirtió al político favorito de su equipo de gobierno, Manuel Valls, en primer ministro. De 51 años y nacido en Barcelona, representa al ala más de derecha y “amable” con el sector privado del socialismo francés. Considera insostenibles la semana laboral de 35 horas o la jubilación a los 60 años, dos banderas del socialismo de la era de Lionel Jospin.

Tras su triunfo electoral en 2012, Hollande lo nombró ministro del Interior, lo que fue considerado un agradecimiento por el apoyo de Valls a su campaña presidencial. Valls había competido contra Hollande en la primera socialista, con éxito escaso. Valls aprovechó la oportunidad que le dio Hollande, con una cartera de alta exposición. Desde hace meses es el político favorito del gobierno francés, muy por delante del propio Hollande y del hasta ayer primer ministro Jean-Marc Ayrault. A mediados del año pasado una encuesta arrojó incluso que uno de cada cinco francesas entre 20 y 40 años tendrían “un romance” con Valls.

Las revistas del corazón lo adoran por su elegancia y se refieren una y otra vez a sus raíces españolas. Nació en 1962 en Barcelona, hijo de un pintor catalán, y se nacionalizó francés recién dos décadas después. Está casado en segundas nupcias con la famosa violinista Anne Gravoin, otro factor de glamour. Tiene cuatro hijos de su primer matrimonio.

Valls llamó la atención como ministro del Interior por su duro accionar contra los extranjeros ilegales. En una entrevista dijo, por ejemplo, que los gitanos o “Roma” tienen otras formas de vida extremadamente distintas y que sólo una minoría mostraba intenciones de integrarse. Sugirió que era mejor que migraran de regreso a Rumania o Bulgaria. Una ONG antiracista presentó una demanda judicial, y generó críticas dentro del partido. Pero las encuestas dieron un dictamen opuesto: a grandes sectores de la población sus dichos le cayeron bien. En una entrevista, le dijo al diario El Mundo: “Hay que frenar la inmigración ilegal y abandonar ese discurso dogmático y compasivo que tradicionalmente ha desplegado el PS. La izquierda francesa necesita liberarse de muchos viejos prejuicios como ése. Ya lo dijo Michel Rocard (su mentor): «Francia no puede acoger toda la miseria del mundo»”.

En cuanto a las 35 horas semanales, respondió a El Mundo: “Con la economía tan mal y la competencia que existe, no podemos aferrarnos a ideas de los años 70 o los 80. Si alguien que tiene la suerte de tener un empleo y quiere trabajar un poco más, no puede ser que esas horas extras supongan una carga para el Estado”.

En caso de que Hollande no se presente nuevamente en 2017, Valls es considerado un firme candidato socialista para la presidencia. Ya se había presentado a las primarias del partido en 2011, aunque en ese entonces no tuvo chance contra Hollande & Co. por su visión pragmática y su orientación económica. El consuelo fue que, en ese entonces, la revista británica de economía The Economist lo presentó como el mejor candidato y lo felicitó por su visión “moderna” de la izquierda.

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