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Un actor despojado de las máscaras y que halló su esencia

Con varias funciones el fin de semana, Martín Bossi presentó en el teatro Broadway su nuevo espectáculo "El impostor apasionado".

Martes 27 de Agosto de 2013

Martín Bossi nació para estar arriba de un escenario. Desde los nueve años empezó a darse cuenta que "de algo servía parecerse a la gente", cuando imitaba la voz de la madre de su mejor amigo, logrando que le levantaran la penitencia y pudiera salir a jugar con él. Aunque las imitaciones de la presidenta Cristina Fernández lo volcaron a la fama en Showmatch, Bossi supo despegarse a tiempo para no encasillar su talento en un solo personaje y, así, verterlo en infinidad de matices. Esto fue lo que el artista demostró en las cuatro funciones que brindó este fin de semana en el teatro Broadway con su nuevo music hall "El impostor apasionado".

A sala llena, Bossi deslumbró al público con un espectáculo que fusionó la música en vivo, el baile, la actuación y la mímesis. Se trata de un show en el que el actor va transitando por distintos momentos de su vida, desde la niñez, cuando intentaba ocultarse tras la máscara del Zorro, hasta el presente, cuando se transforma en los astros del rock argentino. En ese contexto, entra un personaje a escena que será fundamental para que Bossi logre su cometido: intentar despojarse de las máscaras para hallar su esencia. Se trata del profesor Vladimir, encarnado por Manuel Wirtz, quien logra una impecable interpretación que despierta los aplausos más efusivos.

Ricky Martin y la exaltación de su homosexualidad, Cacho Castaña y sus anécdotas de viejo "pirata", Joaquín Sabina y su pasión por las mujeres, Fito Páez y sus excéntricos movimientos, un mareado Andrés Calamaro y un Charly García brillante pasean sobre el escenario, por momentos con máscaras, por momentos sin. Lo más interesante es la metamorfosis de esos personajes, que dialogan entre sí y van convirtiéndose uno en otro, con una fluidez y registro gestual y vocal impecables.

Por su parte, Wirtz se luce con un monólogo sobre el ego alimentado por las mentiras y las máscaras, en el que canta, baila y detona aplausos interminables.

"El impostor apasionado" hace hincapié en el gusto popular, tanto en el humor como en la música. Sin embargo, los momentos más exquisitos del espectáculo son cuando Bossi logra despojarse de los artilugios para ser él mismo, como cuando logra componer a un Sandro invadido de sudor y susurros.

Wirtz intenta sacar el Bossi que hay debajo de los personajes. Por momentos, la comedia se vuelve tragedia y el ambiente se torna reflexivo, contemplativo, y allí, cuestiones existenciales como la locura, la soledad y los sueños invaden el escenario haciendo lucir más que nunca el talento infinito de este actor que desafía las máscaras para entregar el alma en cada interpretación.

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