Últimas horas de un año cruel
El balance de este año 2012 deja cifras en rojo entristecidas. Muertes evitables, acosos, asesinatos y suicidios, encabezan su macabra trayectoria.

Lunes 31 de Diciembre de 2012

El balance de este año 2012 deja cifras en rojo entristecidas. Muertes evitables, acosos, asesinatos y suicidios, encabezan su macabra trayectoria. De allí para abajo, podría seguir la enumeración tan repetida. Pero no, sólo intentaré rescatar en este cierre, lo que se vivió de provechoso, porque lo demás, todos lo tenemos claro. En mi lectura cotidiana de los diarios rescaté una frase muy sentida. "Habrá que empezar de nuevo". ¡Ya lo creo! Con sólo pensar que debemos empezar de nuevo, ya tenemos algo. Y empezar por el principio. Preguntarnos ¿en qué nos equivocamos que muy poca gente está contenta? Por lo visto hay quienes están dispuestos a reconocer sus errores, venciendo la resistencia natural que casi todos tenemos para hacerlo, y actúan en consecuencia. Eso es fenomenal y positivo. Y no es sólo eso. Muchos son los que cruzan el semáforo en verde, levantan los desechos de sus mascotas en la vía pública, trabajan, llevan a su mesa familiar el pan ganado con esfuerzo, cumplen con sus impuestos, beben, se divierten, sin emborracharse ni utilizar drogas estimulantes. Respetan las reglas de tránsito, no estacionan sus autos en doble fila frente a las escuelas en las que enseñan educación vial a sus hijos. Y se aman, se respetan, construyen en el disenso, se equivocan, piden disculpas. Y es más: ¡confían en la educación como único modo de ser libres! ¡Vamos! No descrean. ¡Hay muchas personas así! Son justamente las que eligieron el recorrido más difícil. Aunque las otras, las que roban, matan o saquean no recorren un sendero agradable. Sin futuro, muchos de ellos desprecian la vida ajena y la propia. No entienden, porque nadie les enseñó, los placeres que provocan la decencia, el éxito de los hijos en la concreción de sus potencialidades, la vivienda digna, el trabajo, el amor. Y he visto en este año que culmina, grupos humanos que dedican horas y esfuerzo extendiendo sus manos generosas y comedidas para brindar atención a los que sufren. Discapacitados orientados al logro de un futuro diferente, enfermos asistidos emocionalmente, jubilados acompañados en su lucha por una sana inserción en sociedad, educadores preocupados por sus alumnos. Padres que tratan de luchar contra una moda que les dice a sus hijos que la droga es "una moderna compañía", que el sexo desbordado es cosa buena, y que el triunfo pertenece sólo a los lindos, a los altos, a los rubios o a los que tienen saludables y redondeados glúteos, con lolas perfectas como sea. Todo eso he encontrado este año, mucho más si me esfuerzo en el recuerdo. Por lo que he resuelto levantar mi copa alta, y a través del cristal, plástico o vidrio, ver el año que se inicia, desde el enfoque de que vivir mejor, se puede. Y lo invito amigo que me lee, a que usted eleve la suya con el mismo sentimiento. Y después de ese brindis esperanzado, comience a concretar cambios deseados. Los que pueda, los que resulten provechosos. Porque aislados no somos nada más que golondrinas, pero juntos, el mundo mejor que precisamos, quizás deje de ser un simple recitado.

Edith Michelotti