Domingo 24 de Junio de 2012
El rosarino Mario Roberto Segovia entró en la historia delictiva del país como el mayor traficante de efedrina que se tenga registro. Fue apresado a mediados de 2008 en el aeroparque metropolitano, poco después de que se allanara una casa quinta convertida en fábrica de drogas, en Ingeniero Maschwitz, a la cual presuntamente él abastecía. Desde entonces se abrieron cuatro causas judiciales contra este enigmático hombre que pasó de ser mozo de una empresa de catering a vivir en una imponente residencia de Fisherton y andar en lujosos autos importados por las calles de Rosario. Una de esas causas entró en su recta final. Es la que se ventila en un juicio oral y público que lleva adelante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal 4 de San Martín (TOF4), ante el cual El rey de la efedrina llegó imputado de ser jefe de una banda que procesaba y comercializaba esa y otras sustancias prohibidas.
Luego de tres meses de audiencias donde desfilaron unos 120 testigos, el tribunal presidido por María Lucía Cassain y Alejandro de Korvez, a quien acompañan los jueces Lidia Soto y Eduardo Osores Soler, comenzó el viernes a escuchar los alegatos. Los primeros en exponer fueron los representantes de la querella y en las próximas semanas se escuchará al fiscal y la defensa.
Ocho mil kilos. Anteayer, luego de los últimos testimonios, se dio por terminado el debate y fue el abogado por la querellante Aduana-Afip, Facundo Machesich, quien inició su alegato, el que seguirá el próximo viernes. El profesional hilvanó un relato que, según él, acredita con pruebas fehacientes el negocio ilegal con efedrina que condujo Segovia: "Tenencia de materias primas para producción de estupefacientes" es el concepto que usó la querella, y estimó el volumen de tráfico en unos 8 mil kilos tramitados por la organización durante tres años. De esa impactante cifra, unos 4.200 kilos habrían sido elaborados como metaamfetaminas en la quinta de Maschwitz y exportados a México vía una empresa de envíos internacionales por el aeropuerto de Ezeiza y a través de la línea aérea mexicana.
Para la querella, el negocio ilegal de la banda liderada por Segovia quedó acreditado en todos sus procedimientos y viola claramente la ley que pena el uso de drogas para comercialización. "No se trata de tenencia simple, hubo finalidad de comercio", dijo Machesich. Y agregó que el negocio de Segovia habría violado, además, el Código Aduanero. Una de las razones por las que se implicó fuertemente en la investigación el Servicio de Inteligencia del Estado (Side).
La defensa de Segovia, representada por un sólido y numeroso equipo de abogados que encabeza el mediático Mariano Cúneo Libarona, sostiene lo contrario. "Acá pusieron todo el aparato del Estado pero la efedrina no aparece. ¿Dónde está la efedrina?", preguntó el abogado, vehemente, ante La Capital.
Triangulación. Según la Aduana-Afip, desde 2006 a 2008 la banda de Segovia (integrada por una decena de imputados) habría armado un circuito que se iniciaba en tres proveedores porteños de efedrina: Todo Farma, Distribuidora del Sol y Famérica. Un conocida empresa de transporte fue utilizada para llevar la carga hasta una oficina de Entre Rios 1031, en Rosario, donde Segovia personalmente o personas enviadas por él se encargaban de receptar. Luego de su procesamiento, la mercadería era colocada en México: 93 guías con envíos del courier fueron detectadas en la investigación.
El próximo viernes continuará el alegato de la querella y se conocerá la cuantía de la pena solicitada para Segovia y sus socios.