Jueves 15 de Diciembre de 2011
Una fosa común con restos de desaparecidos en la dictadura fue descubierta dentro del ex Arsenal Miguel de Azcuénaga del Ejército, donde funcionó el mayor centro clandestino de detención y exterminio de Tucumán y el NOA.
La excavación en el predio militar encontró "restos óseos calcinados" así como "cuerpos completos en diferentes posiciones, varios de ellos atados en las extremidades superiores, algunos con presencia de proyectiles de arma de fuego y vainas asociados directamente".
Especialistas del Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf), con colaboración del Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán, llevaron adelante esta pericia en el marco de la causa penal que sustancia el juez federal Raúl Daniel Bejas.
"Los cuerpos hallados se encontraban ubicados como cayeron", consignaron fuentes judiciales, y estimaron que "la fosa habría sido de quema atento la presencia de círculos de neumáticos y rastros de combustión en los cuerpos, pero la misma no habría concluido por razones desconocidas".
Hasta el momento se encontraron "restos óseos correspondientes a un mínimo de 15 individuos esqueletizados parcialmente quemados", además de "elementos asociados a los restos óseos, tales como proyectiles de armas de fuego, restos de ropa y calzado".
Los investigadores judiciales presumen que esa tumba colectiva contiene restos de personas secuestradas, muchas de las cuales fueron ejecutadas en persona por el fallecido represor Antonio Bussi, quien solía disparar en la nuca a los prisioneros, y por sus subordinados de la represión ilegal.
Desde 1975, durante el llamado "Operativo Independencia" y la dictadura, en el Arsenal funcionó un campo de concentración y exterminio copiado de los construidos por los nazis durante el Tercer Reich, con barracas para prisioneros, doble alambrada perimetral y torres de vigilancia.
Hasta allí solía ir Bussi y encabezaba algunas ejecuciones sumarísimas de prisioneros con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda.
Prueba del genocidio. El gobernador de Tucumán, José Alperovich, sostuvo ayer que la confirmación de la existencia de fosas comunes con restos de desaparecidos en la provincia "comprueba que el genocidio de la dictadura militar fue tremendo, el grado de aberración que tuvo en la Argentina y cómo se mataba gente".
"Sin dudas es bueno que se muestre a la sociedad y que se esclarezcan los hechos. Los familiares nunca tuvieron la posibilidad de tener una tumba donde ponerle una flor porque han ocultado los cadáveres durante mucho tiempo. Ahora la gente se va a dar cuenta de la realidad; a veces hacía caso omiso y decía «no me afecta, no quiero saber nada» porque no aparecían los cadáveres", aseveró.
Identificaron los restos de un senador
La Justicia identificó los restos del tucumano Guillermo Vargas Aignasse, senador provincial justicialista desaparecido en la dictadura, que fueron encontrados en una fosa común en el llamado Pozo de Vargas.
Por la desaparición de Vargas Aignasse, perpetrada en abril de 1976, fueron condenados en 2008 a cadena perpetua los ex jerarcas de la dictadura Luciano Menéndez y el recientemente fallecido Antonio Bussi.
La identificación, por estudios de ADN, fue llevada a cabo por el Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf).
La identificación fue confirmada por el ex diputado nacional kirchnerista y actual legislador provincial Gerónimo Vargas Aignasse, hijo de la víctima, tras ser notificado por el juez federal Fernando Poviña de que se vinculó, con una certeza del 99,9 por ciento, los restos óseos de un pie encontrados en el llamado Pozo de Vargas.
El Pozo de Vargas es un viejo pozo de agua de mediados del siglo XIX para un ferrocarril a vapor que llevaba caña de azúcar a ingenios cercanos.
El Eaaf lleva recuperados varios cientos de trozos de ropa, calzados y huesos, entremezclados con cal y otros químicos para acelerar la descomposición orgánica, lo que dificulta la identificación de las víctimas arrojadas en el sitio.
Se extrajeron muestras del Pozo, en desuso desde principios del siglo pasado, de hasta unos 50 metros de profundidad, y quedarían aún unos 30 metros más para llegar al fondo, donde se presume que habría la mayor concentración de pruebas.
“Uno siempre tiene la esperanza de que va a encontrar a quien está desaparecido. Esa condición es el limbo del horror, no se puede terminar de resolver el duelo. Fue un momento de mucha conmoción, porque terminamos un proceso de búsqueda que parecía imposible”, sostuvo Gerónimo Vargas Aignasse.
“No me quería morir sin encontrar los restos de mi padre”, sostuvo, y señaló que “teníamos la expectativa de poder cerrar el ciclo luego del juicio” que condenó a cadena perpetua a Bussi.
“Esto descalifica la miserable argumentación de la defensa de Bussi, quien había manifestado que (a su padre) lo mataron sus propios compañeros por considerarlo un buchón”, indicó.
Luego señaló que “ahora queda expuesta la maquinaria de terror de la dictadura porque allí, en el Pozo de Vargas, aparecerá mucha gente conocida cuando avance la investigación”. Se sospecha que en ese lugar fueron arrojados cientos de cuerpos de víctimas de la dictadura.
Homenaje en el Concejo
El sábado próximo a las 10.30, en el Concejo municipal de Rosario, Carta Abierta Rosario organiza un acto de reconocimiento público a testigos y querellantes en los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la pasada dictadura. En un documento, explican que “consideramos que sus testimonios hablan de una lucha cuyos valores permanecen vigentes. Porque como seres humanos reconocemos el dolor y esfuerzo inherentes a rememorar un horror que jamás debió haber ocurrido. Porque como ciudadanos agradecemos su intervención en la historia, escribiéndola con verdad y justicia. Porque sus declaraciones hacen actos cuyos efectos, incalculables hoy, disfrutarán nuestros hijos y nietos”.