Tres voluntarias argentinas asisten a refugiados sirios
Forman parte del contingente de Cascos Blancos. Están desplegadas en  un campamento en Irak.

Domingo 23 de Septiembre de 2012

Un equipo de Cascos Blancos, encabezado por su titular Gabriel Fuks, se desplazará hoy a la provincia de Dohuk (Irak) para supervisar el despliegue de las voluntarias argentinas que se encuentran allí hace casi 20 días asistiendo a refugiados sirios en el marco de la operación conducida por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

   El equipo de voluntarias está compuesto por la arquitecta Alejandra Loughlin, la trabajadora social Myriam Selman y la psicóloga social Cristina Pardo, quienes se sumaron al equipo de trabajo encargado de gestionar el campamento de la localidad de Dormiz a unos 60 kilómetros de la frontera con Siria.

   Cuando las voluntarias arribaron, el campo de refugiados estaba habitado por unas 2.500 personas, pero ahora suman 10 mil. Producto de la crisis que afronta Siria el campamento crece a razón de 100 carpas por día.

   “El mayor cambio que vimos en el campo desde que llegamos fue el de la cantidad de habitantes”, explicó Selman en comunicación telefónica con Télam, al tiempo que destacó que, gracias a las negociaciones de Acnur con el gobierno local, pudieron anexar al campamento los con territorios linderos.

   En el proceso de conseguir nuevas tierras “de donde se pueda” estuvo involucrada la arquitecta Loughlin, como así también en lo que es la distribución de las viviendas y de la provisión de agua y energía.

   Tanto Selman como Pardo forman parte del equipo de trabajo que entra en contacto directo con los habitantes del campo.

   “Hemos logrado la confianza de la gente, lo que nos facilita el trabajo. Los refugiados nos consideran hermanas o amigas. Compartimos cada día con ellos”, relató Selman.

   Además contó que algunas de las familias que llegaron al campo ubicado en la región de Kurdistán “están pudiendo proyectar un futuro” desde allí.

   “Algunos piensan en ir en busca de sus familiares radicados en el exterior, otros en volver a Siria en algún momento mientras que un grupo grande piensa en echar raíces en el campamento que se va transformando, con trabajo, en un barrio”, explicó.

   En ese sentido contó que hoy comenzarán las clases allí después de un largo receso escolar de invierno.

   Por su parte, Pardo señaló que “los que más piensan en volver a Siria son los jóvenes varones que llegaron solos al campo” y analizó que el desafío pasa por “organizarles los tiempos libres e intentar buscarles trabajo donde se sientan cómodos”.
  Pardo también resaltó que las familias que día tras día cruzan las fronteras para salir de Siria “comienzan una nueva etapa valorando la seguridad que encuentran en el campo”.

   Contó que hay familias que han pasado días sin dormir por bombardeos que duraron más de 12 horas seguidas.

   Las voluntarias se ocupan de recibir a los nuevos refugiados y ayudarlos a hacer los trámites para registrarse y otros que les permiten ordenar su vida diaria y acceder, por ejemplo, a una provisión de alimentos.

   Para ordenar la vida al interior del campamento las voluntarias argentinas lograron, entre otras cosas, que cada sector esté identificado con carteles en tres idiomas: kurdo, árabe e inglés. (Télam)