Edición Impresa

Tres rosarinos al mundial de Scrabble, el juego que desafía a construir vocablos horizontales y verticales

El tradicional juego de mesa tiene un club desde hace ocho años en Rosario. Se organizan partidas en el bar de la Gobernación y busca más socios que quieran desplegar su ingenio.

Domingo 01 de Septiembre de 2013

Ni bretel, ni toallón, ni fuentón, ni sopapa, ni agendar, ni vandalizar. Ninguna de estas palabras existen para la Real Academia Española (RAE) ni para el Scrabble, el juego de mesa que desafía a construir vocablos verticales y horizontales sobre un tablero y que supo generar verdaderos pugilatos familiares por un significado. A pesar de tener un nombre ganado desde finales de 1930 se popularizó como Scrabel y así lo llaman en el Club Rosarino, que organiza partidas en el bar de la Gobernación, de San Lorenzo 1949.

  Hay jugadores golondrinas pero quince son los habituales. Son varones y mujeres de treintipico en adelante que se enfrentan cara a cara desde hace ocho años. Y son buenos y amigables: tres de ellos (Ricardo Bondino, Liliana Mazza y Nicolás Estefan) calificaron para el mundial que se jugará entre el 22 y el 28 de septiembre en Buenos Aires e invitan a todo aquel que quiera sumarse a participar de esta “pasión”, una palabra que sienten y usan porque sí existe en el diccionario.

   Ayer, a pesar del solazo y el calor, no faltó nadie a la cita. Se jugaba la 8ª ronda del torneo rosarino local. Llegaron, prepararon relojes, fichas, planillas, tableros y atriles y largaron. Así lo hacen todos los miércoles, de 19 a 23, y el primer sábado del mes, de 15.30 a 19. En la primeras jugadas ya se leyeron algunas palabras que no se oyen todos los días y menos en cualquier lugar. “Muyo” se animó a bajar alguien desde su atril (allí siempre debe haber siete letras). Ante la pregunta cuasi de espanto de qué significaba esa palabra , un jugador respondió: “Es del verbo muir, ordeñar”. Y una jugadora salió al cruce. “En realidad para muchos de nosotros no importa el significado, sólo saber que existe la palabra para no perder”.

   Lo que se puso en evidencia en el diálogo es que son distintos los móviles que impulsan jugar al Scrabble. Algunos dijeron que sólo los mueve lo lúdico; a otros el cálculo, la estrategia; a varios más el desafío, la superación personal y la competencia y a otros tantos “poner a funcionar el intelecto”. Es más, varios de los participantes aseguraron que este juego se recomienda terapéuticamente para “activar la memoria”.

Las partidas son gratuitas, si bien en los torneos como el de ayer los socios del club aportan unos 20 pesos cada uno para reponer el juego, que en su versión original (fabricado por Mattel) cotiza en unos 300 pesos. Duran en promedio una hora y se juegan de a dos. El reglamento es estricto. Entre otras cosas hay que saber que en el Scrabble no existen ni la K ni la W, no valen los nombres propios ni de ciudades pero sí los gentilicios, tampoco los diminutivos y los aumentativos. El tablero tiene cuadraditos rojos, rosas, azules y celestes y si sobre ellos caen las letras (que tienen puntaje) o las palabras, se duplican y hasta triplican los puntos. O sea: en el Scrabble, que la palabra sea valiosa no tiene que ver con su cantidad de letras ni su sentido. Un ejemplo: ayer alguien escribió "marrón", una palabra corta pero valiosa si se tiene en cuenta que sólo la doble R vale 8 puntos.

¿Cómo se dirime la validez de una palabra en el juego? Acorde a los tiempos que corren, los jugadores cuentan en su celular con un software gratuito (Lexicon) que como un juez autoriza o no la palabra de acuerdo a su existencia en el diccionario de la Real Academia Española.

En el Club Rosarino de Scrabble hay tres arquitectas, comerciantes, profesionales, docentes y estudiantes.

"No necesariamente tenés que ser una persona con mucho vocabulario, muy lectora o muy instruida", dijo Beatriz Moscatelli. una de las que intentará llegar al Mundial jugando el torneo Extra (una segunda chance para los que aún no pudieron llegar a la competencia máxima que reunirá este mes a jugadores de España, Méjico y Venezuela, además de Argentina).

Para Ricardo Bondino, de 49 años, el único mundialista de la entidad (salió tercero en el Mundial de 2010 que se jugó en Costa Rica) y mejor jugador del grupo (según sus pares), "en el Scrabble, un buen jugador no sólo debe armar buenas palabras sino leer qué letras puede llegar a tener el otro y sobre todo saber definir. Si te quedás con una Q y sin una U o ninguna vocal, se complica".

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS