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Tres jóvenes heridos por balas de soldaditos narcos en Nuevo Alberdi

Agobio y dolor. Anoche uno de los muchachos permanecía grave. Los otros, militantes del Movimiento Evita, estaban fuera de peligro.  

Sábado 12 de Enero de 2013

Una nueva tormenta de balas asoló un barrio marginado de la ciudad y causó víctimas inocentes. Fue en Nuevo Alberdi, a las 20.30 del jueves, cuando dos motos con cuatro ocupantes atravesaron la esquina de Somoza y Luzuriaga a los tiros sin ver quiénes estaban parados allí y alcanzaron con sus proyectiles a un joven albañil y a dos hermanos, militantes del Movimiento Evita. Fue a menos de dos días del crimen de Mercedes Delgado, la voluntaria social asesinada en barrio Ludueña al quedar en medio de una balacera entre soldaditos narcos (ver página 4).

"Uno manejaba con una mano y con la otra disparaba. El que iba atrás también tiraba. De la otra moto tiraba sólo uno", dijo ayer un vecino. Cinco minutos después del paso de esas motos, un auto que nadie pudo identificar se detuvo en la misma esquina. Entonces se bajaron tres personas con pistolas calibre 9 milímetros y arremetieron a balazos sobre los vecinos que estaban en la calle mitigando el calor de un día infernal y asombrados por la balacera previa. En esas circunstancias fueron alcanzados por los proyectiles los hermanos Ariel y Carlos Ferreyra, de 19 y 21 años y militantes del Movimiento Evita; y Gastón Arregui, un albañil de 27 años y oriundo de la ciudad de Santa Fe. Cuando la policía científica llegó al lugar para iniciar las pericias de rigor, recogió "unas 40 vainas de balas calibres 38, 9 y 4.40, todas de alto poder de impacto", dijeron las fuentes.

De los tres muchachos heridos, Arregui se llevó la peor parte y anoche seguía internado en terapia intensiva y en estado delicado. Un tiro le perforó la mandíbula y le dejó orificio de salida en el cuello. En tanto, los hermanos Ferreyra estaban fuera de peligro: Ariel, que es vendedor ambulante, tuvo el alta médica ayer por la tarde; y Carlos, que es carpintero, y seguía internado en el Policlínico de Granadero Baigorria.

El comedor del barrio. La familia de Ramón Ferreyra, el papá de los hermanos baleados, vive en Nuevo Alberdi desde hace unos 20 años y está a cargo de un comedor infantil en el que almuerzan a diario unos 320 chicos de una zona humilde en la que sólo quedó un dispensario municipal como referencia de la presencia del Estado. Las calles del barrio están atravesadas por zanjas y hasta allí no llegan los servicios públicos, por lo que la carencia es cotidiana.

En la sala de espera del Hospital de Emergencias, Ramón admitió ayer que él y sus hijos están identificados "con la propuesta política del Movimiento Evita", pero que "algunos de los que trabajan en el comedor son peronistas y otros no".

La versión que el barrio tiene de los hechos habla de la sorpresiva aparición de dos motos "tipo enduro y de alta cilindrada" con cuatro ocupantes de los cuales tres disparaban tiros "para todos lados". Los dos rodados circulaban por calle Luzuriaga y doblaron por Somoza para desaparecer luego por la primera de las arterias dejando atrás sólo el miedo y ningún herido. Minutos después apareció por la misma esquina un auto y desde allí partieron las balas que alcanzaron a los hermanos Ferreyra y al pibe Arregui.

Pero para los observadores no fue casual el paso de las motos y el auto por el lugar. En un pasillo de Somoza al 2900 funciona desde hace unos pocos días un búnker de drogas que, según el vecindario, es atendido por Liliana M. una mujer que hace unos tres años vive en una casilla contigua al quiosco.

Los acusados. El comentario más certero acerca de los motivos de los tiros, en boca de un vecino que no quiso ni siquiera mirar al cronista de La Capital, sostiene que ese búnker lo maneja un pibe al que le dicen Ema Pimpi y sería soldadito de Luis M., un hombre que en el último tiempo apareció sindicado como traficante de drogas en ciertas zonas de la ciudad.

En ese marco, la investigación preliminar dice que los soldaditos de ese búnker salieron a balear a los integrantes de la familia R., afincada en el barrio y también ligada al comercio de drogas. En respuesta, integrantes de esa familia los persiguieron para vengarse y en la esquina de Luzuriaga y Somoza comenzaron a los tiros "contra todos los vecinos".

Acerca de La gorda Liliana M., distintas fuentes aseguraron que tiempo atrás estuvo ligada al Movimiento Evita, pero referentes del sector aseguraron que "fue dejada de ladro a partir de diferencias políticas". Y agregaron: "Después nos enteramos que esta mujer estaba ligada de alguna manera al narcotráfico y eso fue el punto final".

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