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Tres jóvenes arquitectos rosarinos ya están entre los mejores de Iberoamérica

Un edificio de 16 departamentos de vivienda de Capital Federal, un complejo de cabañas en Villa Icho Cruz (Córdoba) y una hostería en Vavarco (Neuquén) completan el conjunto.

Domingo 12 de Octubre de 2014

Se llama “Casa M” y pese a estar ubicada en un barrio cerrado trasgrede los estereotipos de estas construcciones. De las 30 obras premiadas en la Biau 2014, cuatro son argentinas y esta vivienda de hormigón a la vista que preserva con celo la intimidad de sus ocupantes lleva la firma de tres arquitectos rosarinos Juan Guardati, Román Renzi y Virginia Kahanoff.

   Al concurso se presentaron 1.000 propuestas de América latina, Portugal y España. De ellas 160 quedaron preseleccionadas y finalmente 30 se expondrán en el galpón 13, dentro de la muestra oficial de la bienal.

   Según se destaca en el dictamen del jurado de la Biau, esas construcciones “suponen un reflejo de los mejores proyectos de arquitectura y de diseño urbano que incorporan los contextos y las demandas sociales, tecnológicas y climáticas en la escala de la arquitectura”.

   La vivienda construida en el country Aldea Lago por tres profesionales rosarinos es una de las tres que representan al país. Un edificio de 16 departamentos de vivienda de Capital Federal, un complejo de cabañas en Villa Icho Cruz (Córdoba) y una hostería en Vavarco (Neuquén) completan el conjunto. A diferencia de lo que sucede en otros países, la obra pública está ausente.

Privacidad. Guardati y Renzi estudiaron juntos en la Universidad Nacional de Rosario. En 2003 formaron el estudio Aire y hace algún tiempo, asociados con Virginia Kahanoff, desarrollaron varios proyectos de vivienda en barrios cerrados.

   “Detectamos que las personas que se mudan a estos barrios lo hacen con dos argumentos: la seguridad y la vida al aire libre. Pero ambos terminan generando que las casas empiecen a tener aberturas indiscriminadamente a todos lados, generando una pérdida de intimidad en la vida doméstica. Cualquiera que circula por un barrio cerrado ve las escaleras, la heladera o los cuadros de sus vecinos. Esa preservación de la intimidad estructura la argumentación general de la casa”, señala Guardati.

   El otro de los planteos fue utilizar la menor cantidad de materiales, reduciendo al máximo los elementos en la construcción. Y aprovechar la particularidad de ese barrio, donde todos los lotes dan a un lago.

   El resultado fue una casa de una planta, de base rectangular y 4,40 metros de altura que, a la mitad, sufre un corte y se desplaza horizontalmente. Eso define las alturas de muros y aberturas, hasta los 2,20 metros, y de allí hacia arriba una cubierta con tragaluces que permiten ver el cielo y dan enormes escapes visuales.

   El exterior, de hormigón desnudo y piedra, se transforma en telón de fondo de los árboles, resaltando el color de la naturaleza. Para los integrantes de estudio Aire, “como nuestras casas son muy sintéticas formalmente, lo más importante es el espacio que se consigue. La casa M genera esto de tratar de ser un poco más cerrada hacia el frente y los linderos y recién se empieza a abrir hacia el fondo, hacia el lago. La idea es que quien viva en esa casa vea su propia casa, no la del vecino”.

   Guardati y Renzi reconocen que hay algunas obras que les generan mayor interés, o “a las cuales se les dedica más tiempo, se les pone un énfasis extra” y dicen que la casa M fue una de estas. Que la vivienda haya sido escogida entre las cuatro mejores construidas en el país ayuda a completar el círculo.

   Lo más interesante, dicen, es que se trata de un reconocimiento de sus pares. “Es muy difícil tener un premio por una obra construida, porque es el resultado final de un trabajo en equipo donde intervienen el arquitecto, el constructor, el cliente. Esa interacción hace que el proyecto se transforme. Una vez concluida, nosotros tenemos una actitud crítica hacia una obra, sabemos qué está bien y qué está mal, también está la satisfacción del cliente y ver como se apropia de ese espacio. Pero la opinión de un colega siempre es reconfortante. Una señal de que las cosas salieron bien”.

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