Jueves 14 de Mayo de 2009
El pasado 7 de mayo se publicó un artículo en La Capital donde se informaba que "la señora Elba, una jubilada, de 74 años, había sido embestida por un hombre en bicicleta" que le hurtó la cartera, para darse a la fuga. En el ínterin un camionero "no identificado", al ver el hecho descendió del vehículo y persiguió al ladrón por espacio de cien metros, ante la impotencia de no poder alcanzarlo, le descerrajó varios disparos con su revólver, hiriéndolo de tal forma que éste malherido prosiguió otros setenta metros y cayó. Hasta aquí la crónica periodística, que agregó el comentario de la doctora Viviana, que asistió al delincuente, preguntándole sobre la forma que había sido herido, y éste le contesto: "Quise robarle la cartera a una 'vieja' y uno se metió". Los tres personajes de esta historia son la muestra y el prototipo de la época que nos toca vivir. Por un lado la víctima indefensa, una mujer mayor que queda librada a la buena de Dios y sólo salva su vida por la intervención de un "justiciero", como lo llama el diario. A ella sólo le queda sufrir física y mentalmente los dolores en el cuerpo y en el alma por tener que vivir o mejor dicho sobrevivir sus últimos años en una sociedad insensible, que no atiende razones y cuyos gobernantes solo se despiertan en época de elecciones. El victimario, es decir el delincuente, justifica su accionar aduciendo "que lo estaba esperando su hija" y que él robaba por ella. Lo cual puede ser cierto, pero no lo exime de la pena, ni del castigo que debería padecer. Es por eso que si analizamos sus palabras "robé a una vieja", nos da la idea de que este sujeto odia a todo el mundo y en especial desea vengarse, atacando a los más débiles. Porque no solo son vulnerables, sino porque se siente seguro y puede hacer cualquier cosa, sin que nadie se lo impida. Pero esta vez se equivocó, porque en el escenario aparece una nueva figura, que es la del "defensor", una persona común, que "cansada" de ver tanta maldad e impotencia decide actuar por su cuenta y hacer justicia por propia mano. Lo que sí debe tener mucho cuidado, porque si lo atrapan todo el peso de la ley caerá sobre él, sin ninguna contemplación. ¿No les parece que a los personajes de este sainete les está faltando algo o alguien que debería también intervenir? Porque la pregunta que todos nos hacemos es ¿qué pasa con los policías, los jueces, los abogados, y los gobernantes? ¿Dónde están cuando esto ocurre, escuchan razones, meditan sobre la magnitud del problema, buscan soluciones, arman estrategias o simplemente se quedan sentados, esperando que el tiempo fluya y que todo se olvide, convirtiéndose en un recuerdo borroso y difuso allá a lo lejos?
Carlos E. Bonilla,
DNI 6.076.439