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Tras una persecución atraparon a un ladrón que había huido de un hospital

 El mismo maleante se había evadido el 13 de junio del hospital del Centenario en un hecho cinematográfico ya que su mujer, Jesica G., se disfrazó de enfermera y lo llevó hasta la puerta.  

Sábado 19 de Julio de 2014

Una vecina de barrio Ludueña terminó el mediodía de ayer como testigo involuntaria de la captura de un vecino sobre el que pesaba un pedido de captura y que era perseguido por varios móviles policiales tras haber arrebatado una cartera en la zona noroeste de la ciudad. El mismo maleante se había evadido el 13 de junio del hospital del Centenario en un hecho cinematográfico ya que su mujer, Jesica G., se disfrazó de enfermera y lo llevó hasta la puerta.

Maximiliano Héctor L. tiene 27 años y junto a otro muchacho aún no identificado se desplazaba en una moto Honda Titán por Juan José Paso y México alrededor de las 14 de ayer. En esas circunstancias, y sin bajar del rodado, uno de ellos le arrebató a una mujer su cartera. Hasta ahí un hecho de los que hay varios por día en las calles de la ciudad. Pero la víctima, con sus gritos de auxilio, alertó los policías que patrullaban la zona en un móvil del Comando Radioeléctrico y así comenzó una persecusión por las calles de la zona noroeste. El delincuente, en esa fuga, disparó con un arma de grueso calibre a quienes lo perseguían y la zona se fue poblando de móviles para lograr detenerlo.

Los fugitivos fueron hacia barrio Ludueña y mientras uno de ellos se bajó del rodado y escapó a la carrera, el otro enfiló hacia un departamento de Solís al 200 bis. Dejó la moto e ingresó a una de esas propiedades.

Para ese momento la manzana estaba rodeada y el hombre era buscado casa por casa. Pero el fugitivo no se quedó donde inicialmente había entrado y se desplazó hacia la vivienda de una vecina que hace 14 años reside en el barrio y los conoce "a todos desde chiquitos", según dijo.

Sorprendida. La mujer, mayor y con problemas para movilizarse, estaba almorzando con su nieto de unos 20 años cuando escuchó que "Maxi", como ella lo conoce, le pidió permiso para ir al baño. "El chico entró, no estaba armado ni nada, aunque tenía sangre en la panza. Se levantó la remera y me mostró la herida de una operación que le hicieron hace casi un mes (después de la cual se escapó del hospital). Le dije que pasara y me fui a la cocina a lavar los platos", contó la mujer en la puerta de su casa.

Mientras la vecina estaba en sus quehaceres domésticos, el barrio parecía un coto de caza: los móviles policiales se metían obsesivamente entre las calles laterales de esa zona de Ludueña en búsqueda de la moto en la que se movilizaron los ladrones. "Yo salgo de la cocina y me vuelvo al comedor para comer el postre y en eso veo una cabecita que asoma de una puerta que da a un cuartito. «¿Qué haces ahí Maxi?», le pregunto. Y el me contesta «sálveme doña». Yo no entendía nada hasta que veo a la policía", contó la mujer.

Cinco minutos antes y sobre la vereda de calle Solís, Jesica G. (la pareja de Maxi L.) entabló una fuerte discusión con los efectivos policiales que lo buscaban. La mujer notó que su hombre estaba cercado y que la policía tenía la certeza de dónde estaba, por eso quiso ganar tiempo para que pudiera escapar.

Tras las rejas. En tanto, Maxi L. le preguntaba a la dueña de casa por dónde salir. Pero resulta que la vivienda tiene una sola puerta de entrada y ni siquiera una ventana o un tragaluz a la vereda. "Le dije que él sabía que la casa no tiene otras salidas", recordó la mujer. Al entrar la policía el malviviente intentó esconderse en la cocina pero fue reducido por los efectivos.

Ante la consulta de LaCapital la vecina sostuvo: "No me trató mal ni nada, lo conozco hace mucho al Maxi". En la calle, en tanto, los móviles se plantaron en un operativo cerrojo para intentar capturar al otro delincuente, lo que finalmente no ocurrió. Lo que lograron secuestrar fue la moto, que tenía pedido de captura de la seccional 7ª por haber sido robada.

Al ser reconocido e identificado se comprobó que Maximiliano Héctor L. se había fugado el 13 de junio desde el hospital Centenario luego de haber sido operado de una hernia inguinal. La fuga tuvo ribetes anecdóticos ya que logró huir de la sala ayudado por Jesica G., quien según comentaron fuentes policiales durante la detención de ayer, se disfrazó de enfermera y junto a otro amigo logaron desplazar al convaleciente hasta la calle para luego huir sin rumbo fijo.

La detención de ayer de Máximiliano L. quedó asentada en los libros de guardia de la seccional 12ª por jurisdicción y el legajo lo lleva la fiscalía de Flagrancia en turno.

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