Lunes 10 de Enero de 2011
La calle Gandhi al 5800, en la parte más empobrecida de barrio Ludueña, se sacudió ayer a las 9.30 de la mañana cuando un hombre de 29 años comenzó a gritar desde una ventana enrejada pidiendo ayuda. “Abran que a mi mamá le pasó algo”, vociferaba Héctor con la cara enrojecida. Cuando Daniel, uno de sus hermanos, abrió la puerta de la habitación donde estaba el muchacho se topó con un cuadro digno de una película de Alfred Hitchcock. Delia Ovando, su mamá de 69 años, estaba muerta en el piso. Asesinada con cinco cortes en la zona del cuello. Héctor, quien según varias fuentes es adicto alcohólico, estaba sentado en el piso junto a un cuchillo tipo carnicero totalmente ensangrentado. Los dos hermanos quedaron demorados en la sección Homicidios de Jefatura ya que sólo ellos estaban en la casa al momento del crimen.
Gandhi al 5800, calle paralela a Vélez Sársfield a la misma altura, entre Rouillón y Solís. Una cuadra de viviendas de material en la que se pueden encontrar estacionados autos de todos los modelos, motos y carros tirados a caballo. Ahí, frente un asador que se levanta en la vereda y que lleva la imagen del Gauchito Gil, vivía Delia Ovando junto a sus hijos Daniel, de 33 años, y Héctor, de 29. Este último había llegado a la casa materna hace pocos días y el plan de la familia, varios de ellos diseminados en la misma cuadra, era rescatarlo de la cruel adicción del alcohol. “Héctor hacía una semana que no tomaba. Vive en Empalme, pero hace tres días que lo trajeron para acá así lo controlábamos y no tomaba”, contó María Rosa, una de sus siete hermanas.
Un crimen imaginable. Al dialogar con los familiares de Delia, Héctor y Daniel, se puede concluir que lo que pasó ayer a la mañana en Gandhi 5860 fue la crónica de un homicidio imaginable. Delia era pensionada y su hijo Daniel trabajaba en la construcción. Héctor, por su parte, estaba desempleado y seducido por las garras del alcohol. “Es un muchacho que a los 16 años le pegaron un balazo en un ojo y la bala le lesionó el cerebro”, contó María Rosa. “Tendría que haber empezado con un tratamiento, pero no lo hizo. Y después se dedicó al alcohol”, agregó.
Los problemas de Héctor eran serios. Así fue que toda la familia tomó la decisión de contenerlo a cualquier precio para que dejara el trago. El sábado Héctor llevaba tres días sin tomar una gota de alcohol y la necesidad y el síndrome de abstinencia le estaban torciendo el brazo.
“Héctor se quería ir y discutieron con mi mamá y mi hermano Daniel”, contó María Rosa. “Entonces Daniel agarró la llave y lo encerró en la habitación en la que dormía con mi mamá”, relató. En esa habitación conviven además de las camas los electrodomésticos propios de una pequeña cocina-comedor. El cuarto tiene una ventana enrejada que da a la calle. “Con Daniel nos quedamos vigilando en la vereda que no se escapara hasta las 6 y media de la mañana. Entonces Daniel se fue a la planta alta y se acostó a dormir”, contó Miguel, yerno de Ovando. “Pero tres horas después nos avisaron que Héctor gritaba por la ventana. Lo despertamos a Daniel, que estaba redormido, y cuando abrió la puerta Héctor estaba ahí y mi suegra muerta”, aportó.
Según los forenses, Delia tenía al menos cinco heridas de arma blanca en la zona del cuello. Dos de menos profundidad y una tipo degüello, con una trayectoria de derecha a izquierda. Los pesquisas de Homicidios secuestraron una cuchilla tipo carnicero totalmente ensangrentada y demoró a los dos hermanos. Daniel y Héctor serán indagados hoy por la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara, quien ordenó que a los detenidos se les realice un gabinete de pericias psicológicas.
L. G.