Domingo 17 de Mayo de 2009
"A mí no me interesan tanto los operativos callejeros en los que se detiene a pibes llevando un par de porros o sobrecitos con cocaína. Yo pongo el acento en los allanamientos que resultan de trabajos de investigación, de observación, de entrecruzamientos de llamados. Esos son los nos permiten desbaratar el verdadero negocio de la droga, los que nos llevan a clausurar cocinas donde se cristaliza la cocaína o encontrar lugares en los cuales se almacenan grandes cantidades de marihuana". La afirmación le corresponde al comisario inspector Hugo Tognoli, un hombre hiperactivo y menudo que hace poco más de un año está al frente de la Dirección de Control y Prevención de Adicciones de la provincia de Santa Fe. Sus hombres son los que el pasado 6 de mayo condujeron a los pesquisas de la Guardia de Finanzas de Italia hasta la finca rural desde la cual partió la cocaína que Arturo Luglietto iba a recibir en Nápoles y que quedó secuestrada en el puerto de Génova.
Mientras habla con La Capital, Tognoli exhibe sus estadísticas (ver infografía). Sabe que los números muchas veces mienten y que hubo épocas en que la policía "los hacía ver para mostrar que se trabajaba". Pero él marca una diferencia: "Yo no llevo estadísticas de operativos callejeros en los que terminan detenidos consumidores, sólo cuento aquellos allanamientos donde caen peces gordos".