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Tras el escándalo, Obama reflota una ley que protege a los periodistas

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quiere revivir una ley para proteger más a periodistas que se niegan a revelar sus fuentes, en el marco de la creciente presión que sufre por...

Jueves 16 de Mayo de 2013

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quiere revivir una ley para proteger más a periodistas que se niegan a revelar sus fuentes, en el marco de la creciente presión que sufre por una serie de escándalos, entre ellos la investigación secreta de los registros telefónicos de la agencia de noticias AP. Según confirmó ayer el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, el equipo de Obama se puso en contacto con el senador demócrata Chuck Schumer para que éste presente de nuevo la ley de libre flujo de información.

De acuerdo con medios estadounidenses, esta normativa, que fue negociada en 2009 pero que no acabó de superar todo el proceso legislativo, protegería a los periodistas de ser obligados a testificar sobre sus fuentes confidenciales salvo que se hayan agotado todas las otras vías y con la excepción también de que la información sea de interés para la seguridad nacional. "Nos complace ver que la legislación volverá a ser introducida, porque (Obama) cree fuertemente que tenemos que proporcionar las protecciones a los medios que esta legislación ofrece", dijo Carney en su rueda de prensa.

El escándalo por el espionaje a la agencia de noticias, así como el del Servicio de Recaudación Interna (IRS), que reconoció que investigó sin justificación a grupos conservadores, están poniendo cada vez más contra las cuerdas a Obama y a altos miembros de su gabinete, especialmente a su fiscal general, Eric Holder.

El jefe del Departamento de Justicia negó ayer una vez más haber tenido conocimiento de la orden de investigar los registros telefónicos de la AP al comparecer ante una audiencia del Comité Judicial de la Cámara de Representantes (Diputados). Holder recordó que se inhibió del caso de "grave filtración" que posteriormente llevaría a la orden de investigar el historial telefónico de la agencia de noticias, que reiteró fue tomada por un subalterno suyo y no por él personalmente.

Críticas. En un duro editorial, el diario The New York Times afirmó ayer que el gobierno de Obama "fracasó a la hora de ofrecer una justificación creíble" del espionaje durante dos meses de los registros telefónicos de periodistas y editores de la agencia de noticias estadounidense. Más que nada, agregó, la acción parece "un esfuerzo para amedrentar a informantes", contra quienes el gobierno de Obama ha tomado duras medidas sin precedentes en administraciones anteriores.

Las protestas de organizaciones de prensa nacionales y extranjeras, así como de políticos tanto opositores como del mismo Partido Demócrata de Obama, no cejaron desde que se conoció el escándalo.

Caza de brujas. En el marco de sus intentos de contener el alcance de los escándalos, que ya empiezan a ser ampliamente usados por la oposición republicana —e incluso en las mismas filas demócratas— para exigir que rueden cabezas, Carney anunció que Obama le pidió al secretario del Tesoro, Jack Lew, que tome cartas en el asunto para buscar a los responsables del escrutinio de organizaciones conservadoras como afiliados al "Tea Party".

Con todo, no parece que estas medidas vayan a detener las críticas. El congresista republicano Darrell Issa convocará a una audiencia del Comité de Supervisión que preside sobre el escándalo del IRS, que según afirmó el diario Politico podría tener lugar la próxima semana. Issa ha sido uno de los legisladores que con más dureza ha actuado en los pasados años contra miembros del gobierno de Obama, especialmente contra Holder, a quien trató de hacer dimitir por otro escándalo, el del operativo de flujo permitido de armas a México "Rápido y Furioso".

A las críticas se unió ayer también el máximo republicano en el Capitolio, el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, quien reclamó respuestas de la Casa Blanca y "quién va a ir a la cárcel" sobre todo por el caso del IRS.

El diario The Washington Post subrayó también ayer que aunque la Casa Blanca se ha tratado de distanciar tanto del escándalo de AP como del de la oficina fiscal, "ambos son ahora problemas del presidente y ambos reflejan dudas sobre el gobierno que datan de antes de las revelaciones de los últimos días".

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