Viernes 13 de Febrero de 2009
Nogoyá.— El juez de instrucción de esta ciudad, Sebastián Gallino, resolvió que este mes culminen las pericias en un campo de esta zona orientadas a la búsqueda de una familia de seis miembros que desapareció en 2002 del campo donde residía. La decisión se toma a siete años de la misteriosa desaparición y sin que los cuerpos hayan sido hallados. Aunque algunos indicios podrían llevar a determinar que los cadáveres están en el lugar, lo cierto es que no aparecen.
José Rubén Mencho Gill, de 56 años, su esposa Norma Margarita Gallegos (de 26), y sus hijos María Ofelia (de 12), Osvaldo José (de 9), Sofía Margarita (de 6) y Carlos Daniel (de 4) fueron vistos por última vez el 14 de enero de 2002 por vecinos del lugar y por Alfonso Goette, dueño del establecimiento en donde Gill trabajaba como peón.
La investigación, iniciada a partir de las denuncias de los familiares de los desaparecidos, fue un tanto tibia al principio, aunque desde el año pasado se retomó con todas las pericias que debieron hacerse desde sus inicios. Poco se halló o al menos poco se ha dado a conocer sobre los hallazgos de los especialistas. En la humilde morada de los Gill, a través de pruebas con Luminol, se encontraron pequeñas manchas de sangre, aunque aún no se conocen los resultados de los análisis.
Pozo y moscas. Los peritos detectaron un pozo oculto en La Candelaria, con una tapa grande de cemento, abovedada. Destaparon allí y comenzaron la excavación. Con larga experiencia en estos menesteres, percibieron el olor característico de las inhumaciones. En consecuencia, fueron llevados al lugar por segunda vez los perros de la Policía de Rosario adiestrados para detectar el olor a cadáver humano. Los animales llegaron rápidamente al pozo en excavación y se excitaron. Los forenses hicieron una segunda prueba extrayendo tierra del pozo y depositándola en un lugar apartado del campo, y los canes se dirigieron directamente hacia ella cuando fueron liberados de nuevo.
Según explicó el forense de Paraná Luis Moyano, en esa excavación fue hallada una especie de mosca muy pequeña (del tamaño de una pulga), similar o idéntica a la que habita bajo la tierra donde hay restos de cadáveres humanos. Los insectos fueron enviados a la entomóloga renombrada forense Adriana Oliva, del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia de Buenos Aires, quien en un principio opinó que se trataba de ese tipo de mosquitas. Sin embargo, había unas diferencias mínimas entre ambos ejemplares que la hicieron dudar, por lo que resolvió enviar las muestras a un instituto especializado en Inglaterra.
Sin esperanzas. Los Gill han sido buscados por todo el país en estos últimos 7 años sin resultado, por lo que se estima que están muertos. Una serie de sucesos, hipótesis y trascendidos envuelven al caso en una nube de misterio. Uno de los elementos más llamativos es la conducta de Goette, quien no denunció la desaparición y recién notificó a sus familiares al mes de producida.
El estanciero estimó en su declaración judicial que la familia habría viajado a visitar un pariente en Santa Fe, pero éste aseguró que hacía años que no los veía. Además, y según vecinos, Gill tenía una mala relación con su patrón, quien quedaría seriamente comprometido en caso de comprobarse los últimos hallazgos.
El matrimonio y sus cuatro hijos desaparecieron en Nogoyá en 2002. Cesan las pericias