Jueves 25 de Noviembre de 2010
Alguna vez, y hace tiempo, publiqué una carta sobre el tema de los trapitos y limpiavidrios. Si vuelvo a hacerlo es porque lejos de solucionar y proponerse algo todo sigue igual. Hace 10 días saliendo del estacionamiento de Presidente Roca al fondo, un "cuidacoches" que apareció de repente, justo cuando yo me aprestaba a retirar mi auto del lugar, me "ayudó" a salir, y como no le di monedas se ofendió burlándose cuando le di las gracias. Hace una semana un limpiavidrios literalmente se tiró sobre mi auto sólo para hacerme asustar y lo logró; como yo recién arrancaba creí que lo había atropellado cuando sólo eran sus molestas ganas de tirarse sobre el auto. Me pregunto ¿hasta cuándo los conductores en esta ciudad deberemos soportar semejante atropello a lo que nos pertenece? Además de tener ya de por sí calles caóticas cada día, debemos estar atentos a que cuando se nos acercan no nos toquen el auto si es que así no lo queremos, y a controlarnos si aún a pesar de nuestra negativa igual nos toman de tontos y nos lavan el vidrio, y digo controlarse porque encima puede uno salir perjudicado. Y así se sigue, en el aguante en el no hagas nada. Entiendo perfectamente que en parte toda la culpa no es de ellos, que la inclusión social falla, que no hay propuestas y que no se controla esta actividad, para que al menos estos chicos en las esquinas sepan que aunque sea alguien los vigila para que no suceda lo del otro día cuando debieron detener a varios por actitudes incorrectas. Los que poseemos un vehículo muchas veces somos gente de trabajo, se mantiene con esfuerzo, no es justo que se acerque cualquiera y pida dinero, jugando con el miedo de que al no dárselo se halle uno con el auto averiado, o hasta lo que es peor, sin él. Realmente me entristece saber que en esta cuidad se deba cuidar el ciudadano solo, y que se deba cuidar de estas situaciones cuando en verdad ellos están muy sueltos y libres sabiendo que nadie controla para nada esta actividad por ellos mismos impuesta, y que la gente ante el miedo accede, y se acepta de antemano esta invasión constante a la propiedad privada y a las personas.
Jorgelina Colella
jorsol85@hotmail.com