Viernes 15 de Febrero de 2013
No sé si puede haber un dolor más profundo que el que causa la pérdida de un hijo, y más cuando esa pérdida acontece en el marco de una circunstancia insólita. Por eso, el triste caso sucedido en la zona norte de Rosario en la que una chica de 15 años falleció víctima de un disparo accidental conmovió a toda la ciudad. Desde que en 1835 el estadounidense Samuel Colt puso su creatividad al servicio de la horrenda invención del revólver, los casos de accidentes debidos a disparos involuntarios son numerosos. Se ha recomendado hasta el cansancio la necesidad de esconder las armas de fuego en las casas de familia en las que hay chicos; de mantenerlas descargadas y de poner también a buen recaudo las respectivas municiones. Sin embargo, la prédica no parece ser suficiente y la crónica policial da cuenta cada tanto de hechos lamentables como el que me ocupa. Me parece que en vez de la aburrida publicidad oficial, podrían ocuparse esos recursos para temas de importancia social; uno de ellos es el de la necesidad de ilustrar permanentemente acerca del tratamiento que hay que darle a las armas de fuego en los hogares. Con una campaña sin pausas en ese sentido, los accidentes podrían reducirse.
Edgardo Urraco