Tragedia de Villa Ocampo
La tragedia de Villa Ocampo puso nuevamente en la consideración de todos diferentes aspectos que confluyen en lamentables accidentes ocurridos en nuestras rutas. Falta de señalización luminosa en todo tipo de rodados, exceso de velocidad, ingesta de alcohol, cansancio, banquinas en mal estado...

Viernes 01 de Octubre de 2010

La tragedia de Villa Ocampo puso nuevamente en la consideración de todos diferentes aspectos que confluyen en lamentables accidentes ocurridos en nuestras rutas. Falta de señalización luminosa en todo tipo de rodados, exceso de velocidad, ingesta de alcohol, cansancio, banquinas en mal estado, quema de pastizales, baches, animales sueltos, imprudencia ante fenómenos climáticos como neblinas y lluvias, tractores, carros, sulquis, cosechadoras, motos y bicicletas circulando sin luces... Son muchos factores al servicio de la tragedia vial, de donde se desprende que es imprescindible un mayor y estricto control. Los camiones y acoplados que ingresan a las rutas desde los campos quedan en un momento dado con sus luces traseras un tanto ocultas a los ojos de los conductores que avanzan por la misma mano. Por eso deberían tener en ambos costados refulgentes balizas (tipo ambulancias o patrulleros), que anunciaran el ingreso a los caminos principales. Claro que la gran velocidad, sobre todo en la noche, potencia el riesgo de un accidente de tránsito. Por eso no vendría mal conducir con suma prudencia, sustrayéndose a la tentación que despierta el provocador acelerador, recordando mientras se maneja aquello de que es preferible llegar felizmente un par de horas más tarde, a no llegar jamás. Villa Guillermina, como Villa Ocampo, Tartagal, Garabato, Villa Ana y tantas poblaciones de la cuña boscosa figuran en la tristemente célebre historia de La Forestal, que dejó una impronta dramática en el Chaco santafesino. Pero Villa Guillermina hoy suma un nuevo capítulo de tristeza porque mayores y niños del pueblo dejaron sus vidas cerca de Villa Ocampo. El arroyo Los Amores agrandó su caudal con las lágrimas de todos los cercanos habitantes, y en la mañana los pajaritos silenciaron sus trinos. Ahora sus vecinos tienen un motivo más (desgraciadamente nada romántico) para decir: ¡cómo olvidarte, Villa Guillermina!

Edgardo Urraco, urracoweb@latinmail.com