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Tragedia de calle Salta: Los muertos sumaron 21 y se cerró la búsqueda

Tras seis días de trabajo sin tregua, y luego del hallazgo de los tres últimos ausentes, anoche concluyó el operativo de rescate. Una multitud se congregó en Salta y Oroño para brindar un emotivo reconocimiento a los equipos de especialistas.  

Martes 13 de Agosto de 2013

Eran las 19.12 de ayer. Después de casi una semana, los rescatistas encontraron los cuerpos de Luisina Contribunale (de 34 años) y Santiago Laguía (25). Más temprano habían hallado a Lydia D’Avolio (de 86). Y, de ese modo, terminó la búsqueda de las personas desaparecidas tras la devastadora explosión de gas en el edificio de Salta 2141. Pero aún quedan tareas difíciles: determinar a los responsables de las 21 víctimas fatales y definir el futuro de muchos de los 700 afectados por la catástrofe.

Minutos después, todas las personas que trabajaron en las tareas de rescate se reunieron en el ingreso a la Zona Cero. Habían transcurrido seis largos días desde las 9.40 del martes pasado, cuando estalló la peor tragedia que se recuerde en Rosario. En medio de los colores fluorescentes de cientos de pecheras y cascos, que no lograron tapar el luto, el gobernador Antonio Bonfatti y la intendenta Mónica Fein agradecieron y saludaron a cada uno de esos hombres y mujeres que son “héroes con nombre propio”.

Después de ese íntimo homenaje, los bomberos comenzaron a hacer sonar sus sirenas. Los aplausos de todos los que estaban en Oroño y Salta, y de las personas que se fueron acercando para agradecerles a los rescatistas a medida que corría la noticia del fin de la búsqueda, se entremezclaron con el inmenso dolor y las lágrimas que brotaron hasta en quienes a lo largo de estos días se mostraron fuertes para seguir encarando una batalla contra la muerte. Los mandatarios mantuvieron el bajo perfil y se retiraron en silencio por calle Balcarce.

Los rescatistas explicaron que los cuerpos de los tres últimos ausentes fueron encontrados dentro de las cabinas de los ascensores. Así también terminaba el rastrillaje que había ordenado el juez Juan Carlos Curto en la zona noroeste de Rosario para dar con el paradero de Santiago Laguía, el joven de Pergamino cuya madre, por dichos de bomberos y de otras personas, siempre aseguró que estaba con vida.

La única voz oficial que se escuchó en ese marco fue la del secretario de Salud municipal y encargado del comité de crisis conformado tras la explosión. “Otras siete personas permanecen internadas en distintos clínicas y hospitales de Rosario”, dijo Leonardo Caruana.

La onda expansiva afectó, además, inmuebles ubicados a dos cuadras a la redonda y en las tareas de búsqueda participaron unas 500 personas, entre rescatistas y bomberos de toda la provincia de Santa Fe y casi todo el país.

Las sensaciones y pensamientos de los rescatistas eran ambiguas. Todos lamentaban no haber hallado personas con vida, pero aseguraban tener la conciencia tranquila por el deber cumplido.

También se hacía difícil hablar o preguntar. ¿Cómo hacerlo mientras rescatistas, bomberos, policías, voluntarios, salían de la Zona Cero entre lágrimas y algunos te pegaban un fuerte abrazo en busca de consuelo? “Nosotros rescatamos vida, estos son escombros”, dijo un joven de 18 años que, hasta ese momento, había escarbado día y noche desde el martes en el edificio, escudado en un mono naranja y un casco rojo. Entonces todo fue abrazos y lágrimas.

La explosión provocó las muertes de Hugo Montefusco (de 56 años), María Ester Cuesta (92), Carlos López (40), Adriana Mataloni (57), María Emilia Elías (28), Estefanía Georgina Magaz (21), Domingo Oliva (76), Roberto Perucchi (68), Teresita Babini (67), Florencia Caterina (27), Soledad Ullián Medina (31), Juan Natalio Penise (73), Débora Gianángelo (20), Federico Balseiro (30), Maximiliano Vesco (29), Maximiliano Fornarese (34), Oclides Ceresole (76), Ana Rizzo (65), D’ Avolio, Laguía y Contribunale.

El Himno a capela, seguido por un minuto de silencio, selló una noche larga en la que el cielo pareció aguantar las lágrimas hasta que terminara la búsqueda, que ahora continuará en otros planos: humanos y materiales.

La recorrida, ya entrada la noche, por el interior los edificios afectados grabaron en la retina la escena de vidas que se detuvieron en instantáneas fatales.

Las señas pintadas en escaleras y puertas (todas barreteadas), un comando de campaña aún con los planos y Cristian (un voluntario, entre tantos, que trajo su centenar de puntales telescópicos desde su pequeña constructora) volviendo al epicentro del desastre para continuar una remoción que, seguramente, insumirá más tiempo, exponían que terminaba una primer batalla.

De hecho, el secretario de Protección Civil provincial, Marcos Escajadillo, dijo que que el objetivo inmediato es abrir el tránsito sobre Salta "para que la calle vuelva a la normalidad".

"Mañana (por hoy), Ingeniería Estructural y Obras Públicas de la Municipalidad determinarán cómo seguirán los trabajos en el lugar del derrumbe", indicó.

Las muestras de solidaridad y afecto de la ciudadanía lo llevó a un veterano bombero, con mil fuegos en el lomo, a apelar a la obra del rosarino Fito Páez: "Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón".

Cerca, otro bombero, curtido, le agregó racionalidad a la emoción. "Espero que esto sea un punto de inflexión para todos y que empecemos a hacer las cosas como corresponde para evitar tragedias como éstas", concluyó.

La última postal dio cuenta de Victoria, una bombero de Bigand, esperando un ómnibus en Oroño y Catamarca, donde de inmediato vecinos le ofrecieron transporte. Un modo de seguir dándole las gracias.

Misión cumplida

“Me siento en paz: les devolvimos los hijos a sus padres”, fue la desgarradora frase de uno de los rescatistas que, junto a los paramédicos, dejaron anoche la Zona Cero. Fue con lágrimas de emoción, mientras vecinos y voluntarios les dedicaban un aplauso ininterrumpido por al menos media hora.

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