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Tonos de comedia para el suspenso

Durante la última década, el panorama de la comedia musical en Rosario comenzó a moverse. Al cumplirse 30 años de la primera compañía surgida en el teatro Mateo Booz y luego del desarrollo...

Viernes 27 de Septiembre de 2013

Durante la última década, el panorama de la comedia musical en Rosario comenzó a moverse. Al cumplirse 30 años de la primera compañía surgida en el teatro Mateo Booz y luego del desarrollo del Estudio de Comedias Musicales de El Círculo, creado en 1994, el género pareció expandirse. Tal es así, que este año la Fundación Julio Bocca abrió una sucursal en la ciudad. Al mismo tiempo, influenciada por el auge de algunos certámenes televisivos, comenzó a crecer la demanda de escuelas integrales para la formación de artistas que incluyeran clases de actuación, de canto y baile orientados al público juvenil-adolescente.

Así surgieron espacios como la Escuela de Comedias Musicales del Broadway y Formarte. Esta última estrenó "La hora del vampiro". La última función se realizará mañana, a las 21.30, en el teatro Mateo Booz (San Lorenzo 2243).

Con libro y dirección de Mariano Olivieri y música original de Pavlo Read, después de éxitos como "Traición y muerte en Pichincha" y "La leyenda del jinete sin cabeza", llegó una ambiciosa apuesta con cuarenta artistas en escena.

La historia comienza cuando Isabela Van Halen va camino al Internado de Santa Inés en las montañas de Transilvania y de repente es atacada por el conde Radú Tepes y su séquito. Un grupo de pobladores logra rescatarla y los vampiros son encerrados hasta que seis años después logran liberarse para emprender una feroz venganza.

Terror e inocencia. La obra intenta rescatar ciertas líneas del gótico que le devuelve su alto voltaje aterrador a la figura del monstruo. El romance y la inocencia quedan fuertemente ligados a los personajes de Isabella e Iván, quienes concentran, en la figura de los enamorados, la herencia de la clásica Commedia del Arte como uno de los géneros que sirvieron de matriz al desarrollo de la comedia musical en el teatro.

En esta historia, que le busca ciertos tonos de comedia a una trama ganada por el suspenso, los "buenos" y los "malos" están claramente definidos. Este límite tan marcado la vuelve previsible y logra encorsetarla con mayor presión en la ajustada fórmula del género.

Con una composición musical correcta y una gran apuesta desde la producción, la obra adolece cuando los jóvenes quedan totalmente expuestos en su condición de estudiantes, donde se observa que las técnicas básicas de canto y actuación aún no han sido asimiladas. En este contexto, logra destacarse Claudio Márquez, un actor con oficio que sostiene algunos momentos de la trama haciéndolos creíbles y entretenidos.

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