Todos somos víctimas
Convivir en una ciudad anestesiada por la gripe A no es nada fácil. No hay escuelas abiertas. Los chicos están casi desaparecidos del paisaje urbano. Se suspendieron también las funciones teatrales por unos días. Los cines funcionan al cincuenta por ciento.

Jueves 09 de Julio de 2009

Convivir en una ciudad anestesiada por la gripe A no es nada fácil. No hay escuelas abiertas. Los chicos están casi desaparecidos del paisaje urbano. Se suspendieron también las funciones teatrales por unos días. Los cines funcionan al cincuenta por ciento. En los bares hay menos gente mangueando el diario y si alguno está apenas resfriado y estornuda es mirado como si fuera un violador serial. Tomar el colectivo es una aventura y son muy pocos los que se animan. En el caso de los taxis, el tachero si hace frío abre igual la ventana por miedo a que lo contagie el pasajero y éste abre la suya por temor al chofer. De noche ya no se ven ni murciélagos ni ratones, quizás sepan lo de la nueva gripe. Además hasta cerraron los nuevos casinos de Melincué y Santa Fe. En Rosario no hay problemas porque siempre llegamos tarde al reparto: todavía no se inauguró. Hasta los babosos de siempre ni se acercan para decirle cosas a la chica más linda del barrio por miedo a que les transmita la gripe. Los adolescentes tampoco la tienen fácil, salen poco y no tienen la suerte de tener de profesora a Crystal Defanti de California quien les obsequió un video porno propio a todos sus educandos. En Rosario la nueva onda es llevar alcohol en gel y los barbijos haciendo juego con la ropa para las mujeres top. Todos circulan con caras de pocos amigos, como si el que se les cruza fuera un enemigo, y no se dan cuenta que todos somos víctimas de este tiempo loco que nos toca vivir.

Daniel Ciúffoli,

daniciu@hotmail.com