Todos somos responsables
Comparto plenamente la preocupación manifestada por el señor Carlos Solero en su carta publicada el 26/12. Sin desmerecer ninguno de los conceptos por él expresados, me gustaría añadir algo que en este momento veo como un hecho irrebatible: todos somos responsables (algunos más, otros menos) de esta situación.

Lunes 28 de Diciembre de 2009

Comparto plenamente la preocupación manifestada por el señor Carlos Solero en su carta publicada el 26/12. Sin desmerecer ninguno de los conceptos por él expresados, me gustaría añadir algo que en este momento veo como un hecho irrebatible: todos somos responsables (algunos más, otros menos) de esta situación. Basta echarle una mirada a la edición de La Capital del mismo día 26, donde se da cuenta de dos hechos. Un lector informa sobre un caño roto que ocasiona la pérdida de miles de litros de agua por día; en otra nota se nos informa que los rosarinos somos demasiado cómodos o desinteresados para decidirnos a usar bolsas de tela para nuestras compras. El problema de la depredación de los recursos naturales es tan difícil y complejo de abordar por el mismo motivo que lo es el de la droga: mientras haya quien consuma y pague para ello, y una red de gente que lucra mientras los demás miramos para otro lado, será imposible frenar y cambiar el rumbo que nos lleva indefectiblemente a un suicidio colectivo. En el caso de la destrucción de la biosfera, mal que nos pese, todos somos consumidores y solidariamente responsables. Si queremos de veras hacer algo tendremos que asumir nuestra parte y decidirnos a cambiar nuestro modo de vida. Pero claro, es más fácil protestar e indignarse por la deforestación, la escandalosa e inaceptable minería a cielo abierto y las industrias contaminantes, que limitar al mínimo el uso de papel en el hogar o cargar envases retornables al ir al supermercado. ¿Cuántos estamos dispuestos a soportar un poco de calor en vez de poner el acondicionador a 18º, o ir en bicicleta o caminar siempre que se pueda en lugar de usar el auto, etcétera? Y por favor, no caigamos en la ilusión de creer que eso compete a la población de los países más desarrollados que contamina mil veces más que nosotros; o la más peligrosa de pensar "¿de qué sirve que haga esto si nadie más lo hace? Yo solo no puedo cambiar nada". Es cierto que en Argentina no hay muchas familias con dos o tres coches, más vale hay muchas que no tienen siquiera uno. Pero eso no cambia las cosas; quien no tiene, quiere tener uno; quien tiene uno, quiere tener dos; y en Africa las familias paupérrimas venden su única cabra para comprar un celular. Y la ecuación es muy simple; sencillamente el planeta no puede soportar el "nivel de vida" al cual la mayoría de la gente aspira. Por favor, querido conciudadano, si está tan preocupado como nosotros, sepa que sólo si usted toma su responsabilidad individual tendremos entre todos la fuerza necesaria para obligar a los gobiernos a poner coto a las megacorporaciones.

Lucila Debenedetto,

lucideb@gmail.com