Domingo 01 de Febrero de 2015
“¿En serio?”, pregunta Federico Wendler cuando se le dice que la entrevista será para La Capital y piensa en el orgullo que sentirá su mamá cuando la lea. El teniente de 26 años, segundo de la base Marambio, lleva ya casi tres meses en Marambio, pero todavía sigue asombrándose por la belleza y la variedad de vistas que ofrece el llamado desierto blanco.
“Todos los días tenés un paisaje distinto. Los cambios son muy bruscos: de repente el cielo está despejado y en minutos estás caminando entre nubes”, señala.
La isla le regaló también otro tesoro: a los pocos días de su llegada llovió. Un fenómeno que “los meteorólogos con más experiencia en la Antártida dicen que ocurre muy pocas veces”.
Hay distintos caminos para llegar a Marambio, el prestigio, la posibilidad de ascender profesionalmente o el premio económico. Pero a Federico le interesa “la experiencia”. A la cual, dice, se fue acercando de a poco. Después de terminar la secundaria en el liceo aeronáutico de Funes, tuvo como destino la base de Comodoro Rivadavia.
Sin embargo, entre sus planes no figuraba pasar este verano en la Antártida. “Le había prometido a mi familia que la iba a invitar a recorrer todo el sur”, señala con una sonrisa y agrega “tendrán que esperar hasta el verano que viene”.
La base cobija a 142 personas entre personal civil, científico y militar.